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El Che y su encuentro con Cuba
2011.12.02 - 12:27:25 / web@radiorebelde.icrt.cu / Víctor Pérez Galdos

Al formar parte del grupo de 82 expedicionarios que dirigidos por Fidel Castro habían salido desde el puerto de Tuxpan, en México, Ernesto Che Guevara entró en contacto con la tierra cubana cuando el 2 de diciembre de 1956 se produjo el desembarco de los combatientes revolucionarios por una zona cercana a la Playa de Las Coloradas en la parte suroriental de Cuba.
Ya desde varios años antes el Che Guevara había conocido acerca de la situación existente en Cuba cuando primero en 1953 en Costa Rica y después en Guatemala departió con jóvenes cubanos que estaban exiliados en esos países por haber participado el 26 de julio de ese año en los asaltos a los cuarteles “Moncada”, en Santiago de Cuba y “Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo.
De Guatemala Ernesto Guevara tuvo que salir en 1954 después de haberse producido el derrocamiento del gobierno progresista de Jacobo Arbenz. Entonces se dirigió hacia México y allí, en forma casual, se reencontró con uno de los cubanos que había conocido en el país centroamericano, con Antonio Ñico López, y después a través de él pudo establecer contacto con Raúl y Fidel Castro, respectivamente.
Tanto Fidel como Raúl se habían trasladado hacia México a mediados de 1955 después de haber sido liberados del presidio Modelo en Cuba.
En México Fidel se dio a la tarea de reorganizar a los integrantes del Movimiento 26 de Julio y a otros cubanos que se hallaban dispuestos a entrenarse para lograr su posterior traslado hacia Cuba para reanudar la lucha contra el régimen dictatorial batistiano.
A Fidel Castro y a Ernesto Che Guevara les bastó tan sólo un encuentro de varias horas para identificarse plenamente. Fue así como el Che Guevara formó parte del grupo de revolucionarios que comenzaron a realizar prácticas de tiro y otros entrenamientos en un rancho cercano de la capital mexicana.
El Che al recordar su primer encuentro con Fidel señalaría años después, en un trabajo titulado Una revolución que comienza, originalmente publicado en la revista O´Cruceiro, de Rio de Janeiro: “Lo conocí en una de esas frías noches de México, y recuerdo que nuestra primera discusión versó sobre política internacional. A las pocas horas de la misma noche –en la madrugada- era yo uno de los futuros expedicionarios.”
También Fidel haría referencia a ese instante, en el discurso que pronunció el 18 de octubre de 1967, en la velada solemne en homenaje al Che Guevara efectuada en la Plaza de la Revolución “José Martí” cuando expresó: “Fue un día del mes de julio o agosto de 1955 cuando conocimos al Che. Y en una noche —como él cuenta en sus narraciones— se convirtió en un futuro expedicionario del “Granma”. Pero en aquel entonces aquella expedición no tenía ni barco, ni armas, ni tropas. Y fue así corno, junto con Raúl, el Che integró el grupo de los dos primeros de la lista del “Granma”.
Y además aseguró: “Para un hombre como él no eran necesarios muchos argumentos. Le bastaba saber que Cuba vivía en una situación similar, le bastaba saber que había hombres decididos a combatir con las armas en la mano esa situación, le bastaba saber que aquellos hombres estaban inspirados en sentimientos genuinamente revolucionarios y patrióticos.”
Desde mediados de 1955 hasta noviembre de 1956 en que se produjo la salida de la expedición del Granma, el Che Guevara colaboró en el desarrollo de todo lo relacionado con la preparación de los futuros combatientes y en la organización de la expedición.
Incluso a finales de junio de 1956 encaró un serio peligro. En unión de varios cubanos fue detenido por la policía mexicana en el rancho Santa Rosa. Al no contar con una documentación en regla sobre él estuvo latente la amenaza de una extradición.
Fue en esas circunstancias que desde la cárcel mexicana envió una carta a sus padres, fechada el 6 de julio, en la cual explicó la situación en que se encontraba y el grado de compromiso que tenía con Fidel y con la lucha revolucionaria en Cuba.
“Hace un tiempo, bastante tiempo ya –precisó-, un joven líder cubano me invitó ingresar a su movimiento que era de liberación armada de su tierra, y yo, por supuesto, acepté.
Dedicado a la ocupación de preparar físicamente a la muchachada que algún día debe poner los pies en Cuba, pasé los últimos meses manteniéndolos con la mentira de mi cargo de profesor. El 21 de junio (cuando hacía un mes que faltaba a mi casa en México, pues estaba en un rancho de las afueras) cayó preso Fidel con un grupo de compañeros, y en la casa figuraba la dirección dónde estábamos nosotros, de manera que caímos todos en la redada. Yo tenía mis documentos que me acreditaban como estudiante de ruso, lo que fue suficiente para que se nos considerase eslabón importante en la organización, y las agencias de noticias amigas de papá empezaron a bramar por todo el mundo.
“Eso es una síntesis de los acontecimientos pasados, los futuros se dividen en dos, los mediatos y los inmediatos. De los mediatos les diré: mi futuro está ligado a la revolución cubana. O triunfo con esta o muero allá…”
El Che Guevara fue consecuente con lo que había expuesto en dicha misiva. Después de múltiples gestiones que fueron realizadas por Fidel y otros compañeros se logró que él fuese liberado. Y en los meses siguientes siguió vinculado con los revolucionarios cubanos hasta que el 25 de noviembre salió en la expedición del yate Granma hacia Cuba.
Para él su traslado hacia Cuba, que duró más de siete días, fue bastante difícil, atendiendo a su condición de asmático y por el hacimiento ya que en el pequeño yate viajaban un gran número de expedicionarios unidos a las cajas con armamentos, balas y productos alimenticios y los bidones con agua potable.
Acerca de ello igualmente Fidel precisó en el discurso pronunciado el 18 de octubre de 1967: “Recuerdo que aquella travesía fue muy dura para él puesto que, dadas las circunstancias en que fue necesario organizar la partida, no pudo siquiera proveerse de las medicinas que necesitaba y toda la travesía la pasó bajo un fuerte ataque de asma sin un solo alivio, pero también sin una sola queja.”
Posterior al triunfo de la Revolución Cubana, en la serie de trabajos que escribiera sobre la organización y desarrollo de la lucha revolucionaria, el Che fue capaz de plasmar, como un gran cronista, los instantes más significativos de la guerra de liberación librada en Cuba entre diciembre de 1956 y finales de diciembre de 1958.
Y por supuesto han quedado para la historia sus vivencias, entre ellas la de su encuentro con Cuba en aquella madrugada del dos de diciembre de 1956. El Che fue uno de los fundadores del Ejército Rebelde y de actuales Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba.
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