
La Habana, Cuba. - Sucedió el viernes cuatro de marzo de 1960 a las tres y diez de la tarde cuando 57 estibadores descargaban 75 toneladas de granadas y municiones para defender nuestra soberanía.
A cinco décadas del sabotaje al barco francés La Coubre, perpetrado por el imperialismo yanqui, el pueblo cubano aún recuerda con indignación el horrible crimen en el que murieron cien personas y resultaron heridas otras doscientas, lo que llenó de luto al país.
Venía al mando del buque el capitán George Dalmas con una tripulación de 35 hombres y dos pasajeros. Después de tres horas de intenso trabajo, cuando ya se había desembarcado las cajas que guardaban las balas y se iniciaba la descarga de las que contenían las granadas, ocurrió una explosión que estremeció a la Ciudad de La Habana.
El muelle devino horrible escenario en fracciones de segundos, humo negro, gritos, cuerpos mutilados aún con vida, cadáveres y rostros desesperados ante la caótica situación. A la primera explosión le siguió otra enorme que hizo vibrar la tierra; se agrietaron las paredes y ventanas de edificios cercanos, los autos fueron arrastrados hasta lejanas distancias y una lluvia de objetos de hierro cayó a centenares de metros.
A pesar del peligro que entrañaba la carga explosiva dentro del barco, cuando no se sabía cuántas explosiones más podían ocurrir, cientos de capitalinos corrieron de inmediato hacia el muelle para acudir al auxilio de las víctimas y sofocar el fuego .
Al día siguiente del horrendo crimen se presenció en la capital la más impresionante manifestación de duelo vista hasta entonces, medio millón de cubanos marchó detrás de los féretros hasta el cementerio de Colón.
Como expresara la prensa de la época: La ira se convirtió en fuerza móvil lizativa y afirmación revolucionaria más consciente.
En el sepelio de los mártires de la Coubre habló Fidel Castro quien dijo: “No sólo sabremos resistir cualquier agresión, sino que sabremos vencer cualquier agresión, y nuevamente no tendríamos otra disyuntiva que aquella con la que iniciamos la lucha revolucionaria, la de la libertad o muerte, solo que ahora libertad quiere decir Patria y la disyuntiva nuestra será ahora Patria o Muerte.
De esta forma patriótica nacía ya para siempre en la historia de nuestro país la consigna que ha acompañado a la Revolución estos 50 años, por la que han muerto y vivido miles de cubanos.
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