
El 4 febrero 1962 más de un millón 400 mil habaneros se concentraron en la Plaza de la Revolución José Martí, en la capital, como respuesta a la expulsión de Cuba de la Organización de Estados Americanos y la ruptura de relaciones con la Isla de los gobiernos integrantes de esa tristemente célebre OEA, con la excepción de México.
En esa gigantesca concentración, el pueblo con sus manos en alto aprobó la Segunda Declaración de La Habana, una contundente denuncia contra el imperio yanqui y su política de rapiña contra nuestra América y su poder hegemónico del mundo, tal y como lo vemos hoy.
El hambre, la miseria, el analfabetismo, las enfermedades, la incultura y otros males que entonces recorrían América Latina, fueron denunciados por ese histórico documento que todavía hoy tiene plena vigencia y no sólo en este continente, sino en todo el mundo, donde existen más de mil 200 millones de pobres, 800 millones de analfabetos y un niño muere cada 30 segundos de hambre u enfermedades curables.
El manifiesto de 1962 fue la brecha abierta en las mismas entrañas del imperio, que sirvió para que otros pueblos se lanzaran a la lucha por conquistar la verdadera, definitiva e irrenunciable independencia.
Los cubanos hemos estado en el centro de esa lucha, y dispuestos cada día no sólo a mantener la nuestra, sino también a dar la vida por la independencia de otros pueblos como se ha demostrado en los años transcurridos.
La Segunda Declaración de La Habana aprobada por el pueblo cubano hace 50 años, marcó el camino a seguir por los pueblos del mundo al señalar:“esta gran humanidad ha dicho basta y ha echado a andar…”
Y el camino que recorre hoy, sin dudas, nos seguirá conduciendo a alcanzar ese mundo mejor que como dijo el líder de la Revolución, Fidel, es posible.