
La Habana, Cuba.- El ensayo Nuestra América de José Martí constituye una obra de consulta permanente antes de iniciar valoraciones actuales de nuestra contemporaneidad. En él aparecen los argumentos que nutrieron las valoraciones universales del maestro para asumir de forma clara el basamento ideológico como advertencias martianas para la liberación nacional de sus pueblos.
La universalidad europea que trató de colocarse por encima de los pueblos originarios y su continuación en tierras americanas quedó sin argumentos en las precisas páginas martianas al asumir la originalidad de esas tierras y su necesidad de asumir el desafío de la conquista de la independencia nacional del sistema colonial que las oprimía. Toda su obra estuvo encausada a ese alto fin que debía coronar a todo un continente avasallado por el colonialismo europeo.
Ante tal desafío el Héroe Nacional cubano desarrolló el análisis de la originalidad de “nuestra América mestiza”, para elevar su rango de originalidad y destacar sus necesidades sociales que estaban lastradas con el grillete de su exteriores gobernantes que sólo buscaban el enriquecimiento de las distantes coronas europeas. Desde tal basamento partió de la afirmación cualitativa que contaban todas las doloridas tierras americanas que merecían un futuro diferente, entiéndase independiente para labrar su propio futuro.
Las argumentaciones martianas fueron profundas en tal aspecto que rodeó con fuerza analítica su ensayo mayor. Así se presente como un nacionalista revolucionario, que sin ignorar la realidad metropolitana europea, conoce perfectamente que en el horizonte del futuro solo habrá justicia si se cortan las cadenas de la dependencia colonialista.
Para alcanzar el vuelco necesario era necesario abrir los ojos de los pueblos sufridos de Nuestra América. Y hacia esas apreciaciones colocó los argumentos necesarios de todo su pensamiento para nutrir la argumentación de la necesaria independencia, aspecto al que dedicó su vida no solo para Cuba, sino para las restantes hermanas continentales. Todas ellas merecían ser hospedero de la verdadera independencia. Su herencia anterior acumulada y enriquecida merecía ocupar un espacio en el universo de los pueblos libres para decidir sobre su futuro.
José Martí preparó, con esa gota más presente en Nuestra América, de forma desafiante cual sería el futuro horizonte del mundo cuando afirmó que “Injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas. Y calle el pesante vencido; que no hay patria en que el hombre más orgullo que en nuestras dolorosas repúblicas americanas.”
La idea central en José Martí estaba muy clara. Ella articulaba con el desafío del ecuménico pensamiento universal del original nacionalista revolucionario cubano hijo de Nuestra América.
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