
El Instituto de Neurología y Neurocirugía de La Habana no pudo comprar un angiógrafo utilizado en el sistema vascular de los pacientes, porque el equipo tiene componentes norteamericanos.
Al Cardiocentro infantil “William Soler” le fue imposible adquirir nutrientes de mayor calidad como el aminosteryl, para el tratamiento pre y postoperatorio de pacientes desnutridos con cardiopatías complejas y críticas. Es que solo se produce por los laboratorios ABBOT, de origen estadounidense.
Estos son apenas dos ejemplos publicados en el Informe de la Isla sobre la resolución de las Naciones Unidas “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos de América contra Cuba”.
Al presentar el texto, en la Escuela Especial “Solidaridad con Panamá”, el Viceministro de Relaciones Exteriores Abelardo Moreno aseguró que “el objetivo del bloqueo es provocar el hambre, la desesperación y el derrocamiento del gobierno cubano”.
El Vicecanciller subrayó que “esa política genocida no es una medida, sino un entramado de legislaciones del gobierno estadounidense, es un bloqueo insostenible que afecta a los más diversos ámbitos de la sociedad y tiene un marcado carácter extraterritorial”.
Precisó que “el daño ocasionado al pueblo cubano por la aplicación del bloqueo, considerando la depreciación del dólar frente al valor del oro en el mercado internacional, asciende a un billón 112 mil 534 millones de dólares”.
El próximo 28 de octubre, Cuba presentará nuevamente ante la Asamblea General de Naciones Unidas un proyecto de resolución que exige el cese del bloqueo.
En veintidós ocasiones la comunidad internacional ha aprobado la iniciativa y el pasado año 188 países respaldaron el reclamo del pueblo cubano.
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