Alguien me ha vestido de Cocodrilo

2017-01-13 07:09:25 / web@radiorebelde.icrt.cu / Yirsandy Rodríguez Hernández

Mascota de Matanzas. Foto: Carolina Vilches/Vanguardia

Ni en mis años de apogeo en las oficinas del Estadio Santiago “Changa” Mederos, cuando ideaba una estadística de solo silbar; cuando la calculadora no me era necesaria para ciertos averages de los peloteros, que oscilaban de arriba abajo… me atrevía a hacer pronósticos y mucho menos a vestirme con el traje, gorra o aditamento de un equipo de la Serie Nacional.

Esa era la ética con la cual cursé, por allá en 2004, con los estadísticos y anotadores de béisbol Joerlys Soffi, Aldo Gómez, Sergio Hernández y otros –que disfrutaban jaranear al final de un partido largo y tedioso preñado de muchos cambios, como los de Víctor Mesa-, maestros en la compostura y dedicados a entregar los trazos y símbolos jugada por jugada en la hoja de anotación.

Así me forjé, con más afecto por el deporte, que por los peloteros, y más pasión por las estadísticas, que por aprenderme meramente los nombres de los jugadores.

Las personas que me conocieron en aquellos instantes no me dejarán mentir. Crecía en un torbellino de tablas, boletines y numeritos. Así hacía mis apuntes, mis pronósticos, y uno que otro relato a mi manera.

Dejo claro mi respeto inmensamente hacia las predicciones. Sin lugar a dudas, no sería capaz de hacer algún vaticinio sin antes consultar a los sabios numeritos, para moldear al detalle cada medidor, analizar la competitividad y calidad de un torneo –eso, más que todo, para acondicionar bien cada posibilidad de un plantel-.

A la hora de encaminar mis pronósticos sobre cualquier evento (béisbol u otros), jamás me descarrilaría de ese filo de navaja que se llama: profesionalidad (¡no fanatismo!); realidad (¡no terca ilusión!); y mucho menos exasperada efusión.

Lo reconozco, adoro aventurarme en el mundo de las predicciones, aunque a veces es terrible ver los resultados finales. Me inquieta cuando –como todo ser humano- un pronóstico me sale mal.

Sin embargo, disfruto el sabor de decir las cosas antes y no después. Así cabalgo, encima de esos rieles.

Le encomendé a mis análisis sabermétricos, extra terreno, la tarea de establecer una polémica comparativa por posición entre cada jugador de los equipos que clasificaron a semifinales. Entonces como analizador, tomé las proyecciones, la capacidad y lo que podía brindar cada pelotero a su equipo, y por ahí salió todo.

Únicamente un fanático no podría ver que los pronósticos son solo valoraciones.

Que quien esté detrás de ellas no tiene que pensar como fanático. Y que si lo hace, entonces ese es su criterio y punto. Elegí la final entre Ciego de Ávila y Matanzas por tres razones de peso:

1- Matanzas ganó 70 juegos de 90, y 8 de 12 a Granma. Además, el pitcheo de los Alazanes más allá de Lázaro Blanco, hace suspirar, cruzar los dedos y cerrar los ojos. En el terreno cualquiera puede ganar o salir por la puerta estrecha. El béisbol es un juego de equipo y Matanzas poseía a más peloteros de experiencia para este play off, paquete de gran peso en la mochila. Deberían detallar un medidor que cuenta, y que no sale en las estadísticas, este simple careo: Stayler Hernández estuvo horrible, por debajo de su capacidad en la etapa regular. En cambio, Guillermo Avilés volvió a dejarnos a todos esperando turno para ver sus bambinazos o remolcadas. Los papeles se invirtieron, y ahora Stayler es quien bota las pelotas y Avilés, el que no puede traspasar más allá del infield.

2- Ciego de Ávila tenía mejores armas para echar una mirada “extra play off”. Para Villa Clara haber perdido con el campeón vigente no es tan mal resultado.

3- Los Alazanes jamás han pasado a la final del béisbol cubano, y solo archivan un tercer lugar en la 29 Serie Nacional de Béisbol. (En cambio, si Matanzas pierde contra Granma, la presión no se sabrá hasta cuánto podría dispararse).

Vaticinar no es amar. Pronosticar no es querer. Fanatizarse, no debe ser encerrarse. He aprendido que cada día que paso en este deporte, más me alejo de la ferviente visión de un aficionado. Pues, desde mi posición -en la cabina-, si no aprendes a disfrutarlo todo, no podrías ser feliz, ni las palabras nacieran de tan solo mirar al diamante beisbolero.

No podría cambiar, al menos a estas alturas, cuando casi cumplo 15 años bien cerca del sonido de la mascota, o el ¡Iiiiiiiiii!..., del árbitro principal, cuando decreta el strike.

Para mí fue divertido dar predicciones, por las cuales me han mandado –gentil y literalmente- un traje de Cocodrilo por el sinsabor de una crónica que no fue debidamente desmenuzada.

Las palabras las aceptaré, también cada una de sus posiciones, pero el traje, no puedo ponérmelo –ni a escondidas-. Soy imparcial, es la teoría que predico. Y no es un gesto de descortesía. Es simplemente que la camisa que me gustaría usar tiene cuatro letras y le dicen Cuba.



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