
Yo nuca perderé mi identidad/ En el seguro tengo un presente de donde vengo/ Quizás me puedas comprender/ Porque a decir verdad mi tesoro esta en las raíces/ Que corren de bajo de mi piel
Son las que marcan su textura y esas mismas/Me hacen diferente hasta la sepultura/
Lo que fui, lo que soy y seré, por mi isla bella Tema “Cuba Isla bella”
Muchas veces en el discurso cotidiano, mencionamos o escuchamos la palabra Patria, este vocablo proviene del latín, y su concepto refiere a la tierra natal, ligada a una persona por vínculos afectivos, jurídicos y/o históricos.
Y efectivamente cuando hablamos de Patria, lo hacemos refiriéndonos al país donde nacemos.

Creo que más que un pedazo de tierra, está vinculada con las vivencias de nuestros seres queridos y las personas con las que compartimos tristezas y alegrías.
El amor a la Patria es un valor que aprendemos en primer lugar en el hogar, se nutre, luego, en la escuela y se debe ir perfeccionando con los años.
Alrededor de este sentimiento giran un grupo de símbolos que toman vida en la bandera, el árbol, el ave nacional; en el himno, en las fiestas cívicas, en los sitios más representativos, en la comida, en el arte y el deporte.

Pero, considero además que el amor a la Patria va más allá que el reconocimiento reverente a determinados signos. Implica personalización, identificación o introyección, proceso a través del cual las personas, desde que somos pequeños, integramos y hacemos como nuestras determinadas ideas, normas y conceptos, del mundo que nos rodea.
Amar a la Patria es un compromiso con nosotros mismos. Cuidar, por el bienestar de todos, y apoyarnos de manera que podamos unirnos a nuestros vecinos para buscar el bien común, colaborar para hacer más digno nuestro barrio, amar nuestro pueblo o ciudad, conocer nuestra historia, sentir orgullo de nuestra cultura y tratar de conservarla; es también amor a la Patria.
Y este sentimiento va más allá de la economía y la política, trata de las rices, del amor a lo que fuimos nosotros, nuestros padres y abuelos. Hay un dicho popular que dice para que el mundo para que sea mundo tiene que haber de todo, malas y buenas personas, malos y buenos padres, malos y buenos hijos. Desgraciadamente existen tantos malos hijos de la patria que la ofenden con el olvido, con el desarraigo y hasta con el rechazo.
El verdadero amante de su Patria, puede quejarse incluso de su nación por los errores o deficiencias, pero al mismo tiempo ayuda y no destruye, busca y propone los medios para solventarla.
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