
El proceso de desestabilización de gobiernos o de países, no es nuevo, ni en nuestra región ni en el mundo.
El surgimiento de la desestabilización de países o más específicamente de gobiernos, se corresponde con el emerger del neocolonialismo en las diferentes latitudes del planeta y, posteriormente, con el entronizamiento de los imperialismos de las distintas naciones europeas y Estados Unidos en el decursar histórico.
Se puede llegar a la conclusión de que la desestabilización es por naturaleza asimétrica, porque, como es lógico, siempre proviene de los poderosos hacia los débiles.
El colonialismo no desestabilizaba países precisamente porque no era una necesidad de las metrópolis que los dominaban.
Para mantener el acatamiento de las colonias a los centros de poder, existían armas muy efectivas: la persecución, el asesinato, la coacción, la violencia, la represión y las prisiones de cualquiera que retara al poder colonial.
El neocolonialismo lograba desestabilizar a los países pertenecientes a sus antiguas posesiones coloniales, por la vía económica, las restricciones comerciales y el hostigamiento de sus estructuras financieras que dependieron y dependen aún de las metrópolis o de otros centros de poder aliados.
Es así como los poderes fácticos de los países del centro capitalista, hoy mantienen sus esferas de influencia en los países de África, América Latina y Asia que fueron en un tiempo sus colonias y hoy son dependientes de sus estructuras de poder.
El imperialismo, que va perdiendo sus atribuciones e influencia en los países de sus anteriores dominios, utiliza un sumario de todos los recursos de desestabilización que ha aplicado en tiempos anteriores.
Estados Unidos en su afán de reconquista de su patio trasero, como en un tiempo consideró a América Latina, ha desarrollado instrumentos desestabilizadores de gobiernos y los bautiza de diferentes formas tales como conflictos de baja intensidad, nuevos escenarios de conflicto, ingobernabilidad y sistemas en contradicción con el tradicional régimen político americano.
El objetivo es lograr aislar al gobierno en cuestión para socavarlo desde adentro y provocar al caos o la debilidad del estado para hacer caer el régimen que busque su intendencia y su plena soberanía.
Para conseguir lo que ha planificado, Washington se apoya en los intereses creados en América Latina desde que estableció los mecanismos de dependencia en nuestras tierras de América, las oligarquías nacionales y sus políticos traidores a sus pueblos y la prensa que ha ocupado los lugares de los desprestigiados partidos políticos.
Esa es la fuerza que utiliza el imperialismo contra la Venezuela de Hugo Chávez, el Ecuador de Rafael Correa, Bolivia de Evo Morales, o la Nicaragua de gobierno sandinista e incluso, contra Argentina o Brasil, y otros gobiernos que están considerados menos radicales que los anteriores.
En fin, que Estados Unidos no se detiene ante nada en sus afanes desestabilizadores, hasta lograr entronizar gobiernos proclives a los dictados de sus instituciones económicas internacionales de dominio o directamente emanados de la Casa Blanca.
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