Andrés, el maestro de las montañas

2018-12-10 08:55:19 / web@radiorebelde.icrt.cu / Mirtha E. Guerra Moré

El maestro Andrés en una de sus caminatas hacia El Manguito.
Fotos: Luis Guevara

El Manguito es el nombre de un pueblo habitado por nueve personas, ocho de ellas pertenecientes a la familia de los Sánchez Osorio. Ubicada en el corazón de la Sierra Maestra, la comunidad granmense aparece a unos 27 kilómetros de distancia de la zona más concurrida.

A más de 1 500 metros de altura sobre el nivel del mar, El Manguito es un espacio frío. Su clima impide que los abundantes árboles de mango puedan desarrollar flores y, por ende, frutos. De ahí la paradoja del nombre con el cual se conoce el lugar.

Conformado por dos viviendas de madera, una bodega y una escuela cerrada, el pequeño poblado no recibe viajeros ni de día ni de noche, pues hace mucho no circula transporte alguno por esos parajes.

Vista de las montañas

Rodeado de especies endémicas como el tocororo y la cartacuba, El Manguito es un lugar detenido en el tiempo. El viaje en mula, la cocina de leña y la letrina como excusado dan una atmósfera rústica a la comunidad.

Pero, El Manguito no siempre fue un lugar desolado. Dicen que en la década de los sesenta, la comunidad contaba con más de cien casas, un mercado y un centro para el baile.

Por otra parte, la existencia de un aserradero cercano al pueblo, obligaba a un sinfín de camiones a trasladar cargas de madera varias veces al día.

Años más tarde, el cierre del aserrío provocó la pérdida de empleos y con ello, la partida acelerada de familias completas. Ya en el 2007 quedaban sólo 15 habitantes.

No obstante, esa realidad no impidió que en 2009 un maestro llamado Andrés Satiesteban Castro llegara a El Manguito para impartirle clases a uno de los tres hijos de Idael Sánchez Osorio, este último un campesino encargado del Parque Nacional Pico La Bayamesa, una reserva natural cercana a la zona.

Idael Sánchez Osorio

"La escuela la construí con mis propias manos. Con un poco de madera recogida de aquí y allá armé el lugar. Le pusimos el nombre de Mariana Grajales por lo que significa esa mujer para nosotros", señala Idael Sánchez.

Con una asta para izar la bandera cubana a sus afueras, la Escuela Mariana Grajales sólo tenía en su interior una mesa y una silla. Allí, el hijo menor de Idael Sánchez recibía clases de Historia, Matemática y Español.

Escuela Mariana Grajales

"El maestro era uno más de la familia, ya que desayunaba, almorzaba y comía junto a nosotros e incluso, dormía aquí. Él sólo iba a su casa los fines de semana. Muchas veces pasaban quince días y no había ido a ver a los suyos", recuerda Sánchez.

Conocido por el nombre de Idisnel Sánchez Sánchez, el hijo más pequeño de Idael nació al igual que sus hermanos mayores con un retraso mental leve y una retinosis pigmentaria, los cuales le dificultaban el proceso de aprendizaje.

Andrés, el maestro de las montañas

"Mi hijo necesitaba un trato especial al igual que sus hermanos. Ya habíamos tenido antes de la llegada de Andrés un maestro durante ocho años. El objetivo era que los muchachos alcanzaran un noveno grado", afirma Idael Sánchez.

La redacción de oraciones simples, los cálculos de suma y resta y los hechos históricos más relevantes de la nación, fueron algunas de las lecciones impartidas por el maestro Andrés Santiesteban en El Manguito.

Escuela montaña

"El maestro era muy paciente. Mi hijo era muy lento para aprender y, aun así, él no paraba de intentarlo una y otra vez.", asegura el campesino.

Durante ocho años, el maestro Andrés cumplió su palabra de transmitir al hijo de Idael conocimientos básicos de diferentes saberes. Ni las constantes caminatas bajo el sol para llegar a El Manguito ni la distancia de la familia, pudieron romper su promesa.

Andrés, el maestro de las montañas

"El profesor Andrés nunca suspendió una clase. Cuando iba a ver a su familia a San Pablo de Yao, jamás tardó más allá del tiempo acordado. Era muy puntual con su trabajo", expresa Sánchez.

Cuando hace un tiempo que las clases terminaron para el hijo menor de Idael Sánchez, el recuerdo del maestro Andrés continúa vivo en la memoria de los pocos habitantes de El Manguito.

Andrés, el maestro de las montañas

“Nunca podremos olvidar a ese hombre. Pocos tienen el valor de subir hasta aquí. Con sus libros trajo la esperanza a este lugar”, asevera el campesino.

Aunque la escuela de El Manguito permanece cerrada hoy por la ausencia de niños en la comunidad, el maestro Andrés Santisteban continúa su labor en los pueblos más escondidos de la Sierra Maestra.



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