
La Habana
Es que, en alguna medida, casi todas las administraciones norteamericanas desde la década de 1960 hasta hoy han adicionado nuevas y crecientes piezas agresivas a ese anómalo organismo cuyo objetivo es tratar de vencer por hambre, miseria, enfermedades y angustia a todo un pueblo.
La revista Bohemia publicó en número especial con fecha 31 de octubre de 2003, un artículo aparecido en sus páginas en julio de l960 con el título "
La revolución triunfante en enero de 1959 apenas comenzaba su etapa de búsqueda de consolidación en el poder, y ya desde el Departamento de Estado, a instancias de la propia Casa Blanca, se trabajaba aceleradamente para cortar la cuota azucarera cubana en el mercado gringo, y sabotear los suministros petroleros a
De manera que el inmediato proceso de cambios experimentado por la mayor de las Antillas a partir de la derrota de la tiranía batistiana, ya era considerado en Washington como enemigo a batir.
La agudización de la agresividad imperial se convirtió desde entonces en práctica que combinó la implementación del cerco económico, la guerra sucia y las actividades terroristas.
El bloqueo, que tanto
Instituciones bancarias y empresas de todo tipo, en cualquier rincón del orbe, han estado y permanecen bajo la ojeriza de los círculos norteamericanos de poder y sus nocivas leyes si establecen vínculos con
De hecho, el bloqueo es hoy una maraña donde se conjugan desde la titulada Ley de Comercio con el Enemigo, que data de 1917, hasta las denominadas leyes Torricelli, de 1992, y Helms Burton, del siguiente año, las cuales atacan a subsidiarias norteamericanas y entidades de terceros países que intercambien con Cuba y proponen, incluso, sanciones contra los dirigentes de esas empresas y sus familiares.
El bloqueo, que también incluye las agresiones televisivas y radiofónicas, suma las disposiciones conocidas como Ley sobre Transmisiones de TV hacia Cuba, de 1990 y
De manera que cuando hablamos de cerco imperial contra el pueblo cubano, nos referimos a toda una estructura hostil, desestabilizadora y destructiva, que conforma la verdadera guerra de desgaste y el entramado de disposiciones pendencieras sin precedente.
Es, en pocas palabras, la expresión más extrema del intento de exterminio masivo donde las armas seleccionadas por el agresor son la penuria, la desazón y la inopia, no importan las vidas y los sueños destruidos que comporte.
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