
Hace un tiempo Juventud Rebelde publicó una crónica que esa misma noche recibí por internet enviada por un entrañable colega desde Puerto Rico. La leí, le di mis criterios y el domingo en la mañana me encontré en la misma acera frente a mi casa una hoja suelta del periódico sabatino, precisamente la de la crónica en cuestión. A lo mejor alguien me enviaba un mensaje.
Aquí hemos hablado mucho de él. Bobby Salamanca está permanentemente en el recuerdo, pues, al igual que Juan Formell, son dos personajes insignes y muy cercanos en toda mi carrera. El Bobby es un tesoro nacional y un orgullo para esta emisora, por lo que ustedes deben imaginar la satisfacción que sentimos los que estuvimos tantos años junto a él.
La crónica en cuestión comienza con una foto donde lo muestra en Nueva York al lado de Roberto Pacheco y Miguel Ángel Iglesias, un viejo compañero este que lamentablemente se fue demasiado pronto, aunque nunca ha sido olvidado. Es una gran alegría. Pero ya en el mismo arranque la pieza periodística requiere de una importante enmienda, pues el Bobby se llamó Juan Antonio Salamanca Fernández y no José Antonio. Pero si es rigurosa su cercanía desde la infancia con Elio Menéndez, otro maestro de la profesión, el relato de sus inicios en el mundo artístico y el nacimiento del seudónimo que siempre lo acompañó.
Las aventuras, las bromas y los insólitos romances del Bobby servirían para llenar miles de cuartillas y muchas veces le insistimos para que lo hiciera. Pero él siempre fue artista de inspiración, por lo que nunca encontró el tiempo específico para la gran literatura. Su trabajo para el libro Cuentos de Boxeo fue hecho casi a vuela pluma y para mí está entre las tres mejores muestras de una publicación donde hay varias luminarias muy respetadas.
De su trabajo en la narración por suerte se habla constantemente, sus inclusiones en el mundo periodístico son tomadas como lecciones y, ya en el ocaso, sus Crónicas no Exentas para esta Radio Rebelde son guardadas celosamente. En casa, para mi eterna satisfacción, guardo algunas que le grabé personalmente en la suya.
La crónica de Juventud Rebelde tiene además dos camelos a comentar. El matancero José Estrada fue muy posterior a Los Tres Mosqueteros yumurinos y el baile caraqueño debe haber sido pasodoble o… tango, más cercanos a él, pues casi no lo dudo con firmeza. Era zurdo de los dos pies, por lo que en el baile criollo la naturaleza no le había sido pródiga.
Claro que el Bobby nos ha dejado un vacío difícil de llenar, pero por fortuna fácil de recordar. Por eso Rebelde lo tiene entre sus grandes orgullos y el deporte cubano en uno de sus grandes momentos…
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