
Resulta una verdad de Perogrullo que los efectos dañinos de la exposición solar sobre la piel pueden agravarse como consecuencia del tan mentado y, algunas veces no considerado en toda su magnitud, cambio climático.
Lamentablemente, muy en particular los adolescentes y jóvenes, además de no pocos adultos, no acaban de cobrar conciencia de esta situación que a todos nos afecta. Muchos ignoran que la piel tiene memoria y a la larga, el exponernos de manera indiscriminada a los rayos solares puede traducirse en un cáncer cutáneo.
En honor a la verdad, la sensibilidad medioambiental no sólo atañe a la conservación de espacios y especies de la flora y la fauna, sino también a la salud humana. Con el deterioro de la capa de ozono, la radiación ultravioleta que tenía en esta capa un filtro atmosférico natural es menor, de ahí que las emisiones de rayos ultravioleta sean más intensas y más dañinas para la piel.
Asimismo, el cambio climático tiene como una de sus consecuencias una mayor frecuencia de días soleados al año y más elevadas temperaturas.
Como hasta la fecha no podemos mudarnos de este, nuestro planeta, pues debemos tomar medidas para paliar la situación. Así, debemos evitar exponernos al astro rey en las horas centrales del día, o sea entre las 12:00 meridiano y las cuatro de la tarde.
Utilice sombrillas, sombreros de ala ancha, viseras, ropas de colores claros, evite en lo posible los tejidos sintéticos y en el caso de los hombres camisetas; de ser posible aplíquese foto protectores solares con filtros UVA y UVB y gafas para proteger los ojos.
Beba abundantes líquidos, bastará agua fresca y jugos de frutas naturales, siempre que le sea posible prescinda de las bebidas carbonatadas y sintéticas.
Aunque por lo general se piensa, algo erróneo, que solo se corre del riesgo solar en la playa o en la ciudad, en las zonas montañosas también existe tal peligro.
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