
Carolina no es solamente un bello nombre de mujer. Bajo esa denominación conocemos en Cuba y también en la República Dominicana a un árbol cuyo nombre científico es Pseudobombax ellipticum perteneciente a la familia Bombacaceae.
Como es usual encontrarlo sobre todo en los parques y jardines muchos pudieran pensar que es propio de nuestro país, pero no, se sabe que es originario de México, El Salvador, Guatemala y Honduras. Fue introducido en Cuba a inicios del pasado siglo, a 1922 se remonta el primer reporte que existe de su presencia entre nosotros.
Alcanza de 10 a 15 metros de altura, su tronco gris con estrías verdes es abultado en la base. De febrero a abril se llena de hermosas y singulares flores que nacen sobre las ramas desprovistas de hojas, estas son de forma ovalada. Y esa es precisamente una curiosidad.

Las flores crecen solitarias o en pares, de color rosado, están constituidas por cinco pétalos largos que se enrollan sobre sí mismos y dejan al descubierto numerosos estambres rosados que terminan en anteras color amarillo dorado. Son polinizadas por insectos, murciélagos y aves. Su fruto es una cápsula ovalada que contiene abundante fibra sedosa y blanca, así como las semillas.
Su madera es empleada en Centroamérica como combustible y para fabricar piezas artesanales; en tanto con la lana de sus frutos se rellenan almohadas y colchones; el aceite contenido en las semillas se emplea con fines de iluminación y para fabricar jabón.
En otras naciones la Carolina es conocida como coquito, clavellina, cabellos de ángel, cocuche, mocoque, guietiqui, itayata, Shaving-brush tree y en Guatemala le llaman amapola.

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