La Habana, Cuba.- A través de la historia, la realización plena de las mujeres cubanas comenzó a partir del primero de enero de 1959, fecha que marcó el inicio de su emancipación, respaldada a cabalidad por el Gobierno y el Estado, y en particular por el Comandante en Jefe Fidel Castro, defensor de su igualdad. Con la Revolución, comenzó otra vida para ellas, ya que dejaban atrás la discriminación que signó su existencia durante cientos de años.
Importante resultó el papel desempeñado por la Federación de Mujeres Cubanas y su Presidenta Vilma Espín en la inserción de la mujer cubana en todo el proceso de desarrollo del país, considerado como uno de los fenómenos sociales de mayor envergadura y más exitosos, ocurridos durante todos estos años de Revolución.
Primeras en las Milicias Nacionales Revolucionarias para defender la Patria, abanderadas en el estudio y el trabajo, a la vuelta de unos años ocuparon los primeros lugares en las diferentes áreas económicas, políticas y sociales que van desde la educación, la salud, la ciencia, la técnica, la defensa, la biotecnología, y otros frentes imprescindibles para el desarrollo del país. Un buen ejemplo del desarrollo alcanzado es que desde 1980 en las aulas universitarias la presencia femenina es superior a la del hombre.
Ellas también se crecieron ante las escaseces y otras manifestaciones de la cruel política imperialista del bloqueo impuesto durante cinco décadas, y los duros años del período especial para salir victoriosas de esas batallas. Sus esfuerzos fueron premiados al ocupar el lugar que se merecían en la sociedad que reconoce su capacidad creadora, sus potencialidades y su igual condición jurídica y social.
Mayor calidad de vida para las mujeres
La esperanza de vida de las cubanas actualmente es mayor que los hombres; a ellos corresponden 76 años mientras que las féminas pueden aspirar a 80,02 o más. La posibilidad de vida geriátrica después de cumplir los 60 es de 23,4 años, que representa el puesto 16 en el Planeta y por delante de países como el Reino Unido, Dinamarca y Noruega.
Esa realidad sitúa al país dentro del 25 por ciento de la población del planeta cuyos niños pueden aspirar a vivir 77 o más años. Significa también que los cubanos viven cinco años más que el promedio del resto de los latinoamericanos y caribeños.
Aunque muchos se pregunten el por qué de esta deferencia de mayor tiempo de vida para ellas, lo importante es analizar que lo anterior constituye una muestra de los avances de la Mayor de las Antillas en materia de calidad de vida de sus mujeres.
El proyecto de desarrollo cubano tiene como pilares fundamentales la justicia social, la participación de la mujer en la producción, la educación, la defensa y los servicios, teniendo en cuenta la equidad entre los géneros, para lo que ha diseñado e iniciado la aplicación de estrategias que permitan a la mujer acceder a los conocimientos y las tecnologías a la par que el hombre.
Las transformaciones que tienen lugar en el orden económico, social, científico y político, en Cuba han creado espacios de crecimiento para la mujer cubana insertarse en el mundo científico y brindar su aporte en tal sentido.
La historia educacional de la Isla es ejemplificante en esa dirección cuando se explica la participación de la mujer cubana no sólo en su condición de estudiante sino también de educadora, investigadora y dirigente en las instituciones que comprenden ese sistema, así como en otros.
Junto a todo lo anterior, las mujeres multiplican sus virtudes cada jornada al diversificar las actividades que realizan; así se le ve líder de un colectivo laboral o uno de sus miembros, o funcionarias en organismos e instituciones de la producción o los servicios al más alto nivel.
En conjunto todas las actividades que realizan constituyen motores impulsores y estimuladores para alcanzar una vida longeva. Son factores que contribuyen a una realización en el plano espiritual y un crecimiento de su personalidad que las hacen imprescindibles.
Tengamos en cuenta también la gran responsabilidad de la mujer en la familia y la educación de los hijos. Un hogar equilibrado y armonioso sólo es posible por la presencia tierna y a la vez recta de las madres.
El logro de la igualdad de género ha sido un objetivo priorizado en la Isla, y para ello se trazan de manera permanente políticas y programas destinados al desarrollo de la mujer, con el objetivo de que ejerzan a plenitud sus derechos en la sociedad donde ellas son protagonistas.
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