
La Habana, Cuba. - Miles de egipcios continúan este sábado celebrando su triunfo sobre el régimen del presidente, Hosni Mubarak, en el primer día de una nueva era para el país.
Las calles de El Cairo volvieron a llenarse de manifestantes, en su mayoría de jóvenes, un grupo de los cuales iniciaron la sublevación popular hace 19 días, vía Internet, y lograron propagarla al resto de la sociedad
Unas 300 personas perdieron la vida en todo el país desde que comenzó ese movimiento, donde comienzan a aflorar posturas divergentes sobre el camino a seguir ahora.
A algunos activistas les inquieta que el país esté bajo un régimen militar, aunque las fuerzas armadas gozan de prestigio y respeto entre el pueblo.
En el epicentro del levantamiento, la plaza Tahrir, hay quienes piden regresar a casa, porque se obtuvo lo que querían. Sin embargo, un grupo de manifestantes anunció que continuarán con la protesta en la plaza, hasta que el alto mando militar cumpla con su agenda de reformas.
Entre sus demandas, figuran el levantamiento del estado de emergencia, que rige desde mil 981, la liberación de todos los prisioneros políticos, el fin de los tribunales militares y la participación de sectores de la sociedad civil en el nuevo gobierno.
En un comunicado, el ejército se comprometió hoy a traspasar pacíficamente el poder a una autoridad civil, como parte de un proceso de transición hacia la democracia.
Tras la dimisión de Mubarak, la autoridad está ahora personificada en el ministro de Defensa, Mohamed Husein Tan-ta-ui, como representante del Consejo supremo de las Fuerzas Armadas.
Se trata de un equipo de 20 generales que vienen de horizontes diferentes, ahora con una misión común, pero sin que puedan descartarse divergencias entre ellos, según analistas.
Durante los 18 días de protestas antigubernamentales, el Ejército no tomó partido y su intervención fue exclusivamente para mantener la seguridad, lo que le valió la simpatía de los manifestantes.
Expertos sostienen que la revuelta popular fue vista como una oportunidad por los militares, que no veían con buenos ojos que Mubarak quisiera imponer como sucesor a su hijo Gamal.
Según ese punto de vista, el descontento de la cúpula militar explica que mantuvieran en un primer momento una actitud expectante y luego optaran por no hacer nada, porque implicaba que Mubarak no tuviera ningún apoyo.
Además, observadores comentaron que no hubo intervención militar, porque no había ninguna amenaza real de una revolución armada en Egipto.
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