Gran estreno de Equilux, una obra de la coreógrafa escocesa Fleur Darkin. Fotos: Alejandro Rojas
La danza contemporánea por momentos incomoda, a veces te pierde, es un ejercicio que se mueve entre lo estético y lo conceptual.
Precisamente por esos lares estuvo el gran estreno de Equilux, una obra de la coreógrafa escocesa Fleur Darkin que, como parte del proyecto Islas Creativas, llegó a Cuba desde abril pasado y ayer estrenó su propuesta en el Teatro Mella de La Habana.
La coreografía, que ronda la media hora de presentación, posee una dramaturgia digna de la que ha sido catalogada como “una de las más teatrales coreógrafas de la nueva ola británica”. Su historia, demostró la gran capacidad de interpretación que poseen los bailarines de Danza Contemporánea de Cuba y, además, la fuerza no solo como bailarines sino como intérpretes de la danza, actores de la música.
El Equilux, fue descrito por la autora como la vida misma; esa combinación de dolores y éxtasis que, cuando se equilibran, simulan un equinoccio: momento del año en que la luz y la oscuridad se igualan en periodos de tiempo.
Luego del gran estreno mundial, volvió a la escena Coil, coreografía del cubano Julio César Iglesias. La obra, inquietante en demasía, por momentos logra un efecto placebo en los espectadores que experimentamos ansiedad, impotencia, falta de aire y agitación, a la par que los bailarines ponen en escena esta obra maestra de la danza contemporánea cubana.
Coil, para el que la ve por primera vez, resulta un poco chocante, pero la danza contemporánea es un estilo creado para expresar los sentimientos y en ese sentido, la pieza tiene mucho que aportar, algunas veces positivamente, otras no.
Aún quedan otras dos reposiciones de las obras, en los horarios habituales del Teatro Mella las coreografías Equilux y Coil te proponen momentos de reflexión, pero también, de altos valores danzarios tal y como nos tiene acostumbrados la madre de la danza contemporánea en Cuba.
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