De cara al sol y desafiando a las nubes

2015-09-17 23:24:35 / web@radiorebelde.icrt.cu / Luca Sanz Araujo


Escasos, como los montes, son los hombres que saben mirar desde ellos, y sienten con entraña de nación o de humanidad.

Esta expresión, extraída de una carta de José Martí, Héroe Nacional cubano, a su amigo dominicano Federico Henríquez y Carvajal, aparece en la tarja del pedestal del busto situado en lo más alto de la geografía cubana: el Pico Turquino, con 1 974 metros de altura, en plena Sierra Maestra, en el oriente del país.

Nos referimos, claro está, a una de las obras más emblemáticas de una creadora de la cual festejamos este 18 de septiembre el centenario de su natalicio, nos referimos a la escultora Lilia Jilma Madera Valiente, quien naciera en la Finca La Victoria, en el barrio de Bermejales, en el municipio de San Cristóbal, en la actual provincia de Artemisa.

A inicios de la década del 80, tuvimos la dicha y el privilegio, de entrevistar a la autora de ese busto que desafía al viento y besa a las nubes. De su boca conocimos tanto de la génesis de la idea como de los avatares del recorrido hasta llegar a la cima del Turquino, empresa nada fácil sobre todo si tomamos en cuenta lo abrupto del terreno y el peso de la pieza.

Nos diría entonces la integrante de la Asociación de Antiguos Alumnos del Seminario Martiano de la Universidad de La Habana, con sede en la Fragua Martiana, dirigido por el Doctor Gonzalo de Quesada y Miranda:

Corría 1953, año del centenario de nuestro Héroe Nacional y nada había hecho el gobierno para conmemorar tan digna fecha; parece que el tirano Batista temía al pensamiento vivo de José Martí. Ante tan situación, los antiguos alumnos del Seminario Martiano, tomaron la decisión de colocar un busto del héroe de Dos Ríos en el punto más alto de Cuba.

Soy una ferviente martiana. Con anterioridad, había creado un busto ubicado en la Fragua Martiana. En enero de 1953, cuando María Mantilla visitó ese lugar y vio la obra en el salón de actos manifestó que era el más parecido al Martí que recordaba. Ese fue un premio inigualable para mí.

Tan pronto me comunicaron la decisión de que había sido escogida para realizarla obra destinada al Turquino, sentí un gran regocijo y compromiso. Dadas las condiciones del lugar, decidírecortar la base y el cuello para aligerarla, imagínense ¡pesaba 163 libras!

El nuevo problema era encontrar albañiles que levantaran la base y subieran la escultura. En esta tarea resulto decisiva la ayuda del Doctor Manuel Sánchez Silveira, padre de Celia Sánchez. El contrató los obreros y preparó todas las condiciones.

Enviamos por expreso el busto y una copia del plano del monumento al Doctor Sánchez. El y el español Antonio Moreno, quien trabajaba como talador en Ocujal del Turquino, colocaron la pesada figura de bronce en una parihuela y unos peones, por ellos contratados, la subieron. Sufrieron caídas en algunas pendientes difíciles, sin embargo vencieron tramos tan peligrosos como el Paso de las Angustias.

Los albañiles eran analfabetos, pero guiándose por las ilustraciones construyeron el pedestal y sobre el colocaron la imagen de Martí.

Fue duro, muy duro, el ascenso por los empinados senderos, llenos de espinas agudas que desgarraban la ropa y la piel. ¡Pero, que satisfacción tan grande sentimos cuando arribamos a la meta! ¡Habíamos cumplido nuestro compromiso!

Dos meses después, los jóvenes encabezados por Fidel echarían a andar el motor que diera impulso a la lucha por la libertad: el asalto al cuartel Moncada, cuyo autor intelectual fue José Martí.

Dos precisiones: Jilma fue la ganadora del concurso para seleccionar la frase martiana que se pondría en la tarja del Martí situado en el Pico Turquino, el cual fue develado al mediodía del 21 de mayo de 1953, con lo cual se honró el centenario de su natalicio por un grupo de fervorosos martianos, entre ellos Celia Sánchez Manduley.

Desde el punto de vista filatélico, solamente en dos ocasiones se ha reflejado esta obra, una de ellas aparece en un sello conmemorativo por el 55 aniversario del triunfo de la Revolución. El 30 de diciembre de 2013 comenzó a circular la pieza de 65 centavos donde unos sonrientes pioneros de la enseñanza primaria tienen como fondo la obra de Jilma.

Resultaría conveniente que la Administración postal Cubana confeccionara una emisión en la cual se refleje, en detalle, esta pieza escultórica y su entorno pues su historia lo amerita, amén de reproducir imágenes fotográficas de archivo: las instantáneas que muestran a Celia y Jilma y a sus espaldas el busto de Martí o aquella donde el Doctor Sánchez Silveira coloca el acta de inauguración del monumento.



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