La Resolución 101 del 2010 faculta al Ministerio de Comercio Interior (MINCIN) para formar, fijar y modificar los precios minoristas y las tarifas de servicio a la población en moneda nacional.
En un recorrido realizado por unidades ubicadas en el céntrico boulevard de San Rafael y el capitalino municipio Cerro, en La Habana, pudimos apreciar el constante flujo de personas a los Mercados Artesanales e Industriales (MAI) en busca de productos de limpieza y aseo, confecciones, calzado, tejido, ropa reciclada, entre otros.
Varios consumidores opinan que en estos establecimientos los precios son asequibles, hay buenos surtidos de productos, sobre todo, los de limpieza, algunos similares a los que se ofertan en las Tiendas Recaudadoras de Divisa (TRD).
La política de los precios de los productos, fundamentalmente, en rebajas, no siempre se comporta de igual manera en todos los mercados. En el Bazar Inglés unos zapatos de niña cuestan 70 pesos, mientras a unas cuadras, en la tienda América Libre, se expenden en 100 pesos.
“El precio no es estable en todos los lugares, y varía la calidad de algunos productos, otros tienen un precio demasiado elevado”- así lo afirma Mariela Lamurú.
Varios clientes, y esta reportera, nos percatamos de que un calzado de hombre de la marca Pionero cambia de precio por el número. Similar situación presentan, según la opinión de varios consumidores, las confecciones de mujer. La mayoría de estas unidades del comercio en La Habana proponen la mercancía con diseños originales y una agradable visualidad, así como la necesaria información al cliente.
Sin embargo, en el mercado Novedades, del Cerro, el panorama cambia. Además de que hemos constatado de que el trato hacia los usuarios no siempre resulta el idóneo, llegamos a la tienda en el mismo momento que surtían colchas de invierno y dos clientas compraron más de diez cada.
Si bien es cierto, que se trata de productos liberados, la administración podría tener más consideración a los usuarios, en el caso de artículos de alta demanda, que la población, una vez que se agoten, debe comprar a los revendedores.
Estas prácticas, además de deslucir la protección al consumidor, empañan la imagen de los MAI, que tanta aceptación ganan en los clientes de la capital.
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