
Años atrás se hacía muy difícil hablar de temas relacionados con la sexualidad, era un tema tabú, herencia de siglos de extremo machismo, de prejuicios y de desinformación.
Aunque una parte de la sociedad cubana no escapa de las bases patriarcales y machistas, hay que reconocer que hemos ganado campo en materia de educación y sexualidad.
Nuestro país cuenta en la actualidad con una política en ese sentido, que favorece acciones en la comunidad a fin de eliminar estereotipos e incrementar la información sexual.

Como acertada podríamos calificar la instrumentación del Programa Nacional de Educación Sexual y las diferentes iniciativas desarrolladas, sobre todo en las escuelas donde se buscan las vías más adecuadas para abordar de manera creativa temas que preparen a niños, adolescentes y jóvenes para su vida sexual, reproductiva y familiar, siempre en correspondencia con el grado que cursa.
¿Podemos hablar entonces de educación sexual en Cuba?
A pesar de la implementación de iniciativas como la anteriormente descrita, creo que queda mucho por trabajar pues aunque se piensa que ya todo está dicho y hecho, la sexualidad continúa siendo un tema complejo.
Y es que esta es un conjunto y un componente de nosotros mismos que tiene variaciones individuales, dependiendo de la cultura donde vivimos y de la historia individual de cada ser.
Es necesario recordar que la educación sexual no es solo tarea de los maestros, la familia como núcleo de la sociedad tiene un papel esencial, para evitar así situaciones como los embarazos a edades tempranas, las enfermedades de transmisión sexual, y además poder conocer a plenitud nuestro cuerpo.
Una correcta educación sexual se traduce en salud física y mental.
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