
Una de las medidas dentro del sistema bancario del país que el tiempo ha validado como de las más atinadas y lógicas, fue la creación en los años 90 del Banco Metropolitano, que permitió unificar ese servicio en una sola entidad dentro de la compleja y populosa ciudad de La Habana.
Sin dudas la consolidación de esta entidad, incluso desde su imagen e identidad institucional, ha contribuido a un mejor servicio bancario en la capital del país, comenta para Haciendo Radio el periodista el periodista Francisco Rodríguez Cruz.
Pero como mismo decíamos cuando abordábamos dos semanas atrás la situación del Banco Popular de Ahorro, mucho ha cambiado Cuba, su economía y los propósitos de nuestra banca comercial, y más todavía en las actuales circunstancias de actualización de nuestro modelo económico.
La incorporación de funciones al banco, como ya dijimos, multiplica sus clientes y las demandas de sus diferentes servicios, viejos o nuevos. Y esto está teniendo un impacto bastante serio en la atención al público.
El Banco Metropolitano es tal vez de los que mejores condiciones materiales tiene actualmente en relación con sus agencias y oficinas, en cuanto a solidez y cantidad de sus instalaciones. Pero también habrá que seguir proyectando inversiones para incrementar esa red de atención, y sobre todo, un mejor empleo de las capacidades existentes.
Porque no es inusual llegar al banco, y hallarnos con que de las varias cajas existentes, solo unas pocas están brindando servicio a la población. Y además como hay mucho más personal cumpliendo otras funciones, lo que el público percibe, aunque sea erróneamente, es que hay mucha gente, pero pocas que les atiendan en el más básico de los servicios de un banco.
Pero ya no solamente va al banco quien quiere hacer una operación con dinero contante y sonante. Los trámites para créditos, subsidios, compra ventas de bienes, pago de tributos y apertura y funcionamiento de cuentas para las nuevas formas de gestión económica, entre otros, pasan también por el banco en algún momento del proceso.
En este punto resulta esencial la capacitación y destrezas del personal, que de manera abrupta ve incorporada ahora modalidades novedosas que requieren de asimilar en poco tiempo técnicas bancarias y procedimientos que no existían.
También el tema de los horarios de servicio, en el caso específico del Banco Metropolitano, merecería de una revisión y evaluación sistemáticas.
Es cierto que en otros momentos ha habido pruebas y modificaciones de los horarios de apertura y cierre de los bancos, buscando alternativas para extender el servicio, los cuales no siempre han resultado efectivos o suficientemente empleados por el público.
Pero habrá que seguir pensando en cuáles trámites podrían requerir de estas flexibilidades o no, e incluso en qué lugares específicos de la capital la demanda indica que el servicio bancario requeriría una ampliación en sus horarios, porque en esto habrá que hacer estudios muy exactos de las necesidades del cliente, para no homogenizar fórmulas que luego en la práctica no resulten efectivas.
Sin dudas, este enfoque amplio, flexible, caracterizado y preciso, sobre los requerimientos de la población, contribuiría a una mayor satisfacción del cliente con esa institución tan relevante en que se ha convertido el Banco Metropolitano, como el banco de la capital.
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