
A él se le considera, con total justicia, el segundo descubridor de Cuba. Por supuesto que nos referimos al Barón Alejandro von Humboldt de quien el mundo, muy en particular el científico, festeja este año el 250 aniversario de su natalicio en Berlín.
Entre las numerosas colectas realizadas en la mayor de las Antillas -durante su breve, pero fructífera primera estancia de unos tres meses a partir de diciembre de 1800- por el famoso naturalista alemán junto a su amigo el botánico y explorador francés Aimé Bonpland se hallan más de un centenar de plantas, muchas de ellas descubiertas por primera vez para la Ciencia.
En el grupo, hallado principalmente en los alrededores de las ciudades de La Habana y Trinidad, estaban cuatro especies de palmas, luego descritas y publicadas por el también germano Karl Kunth en la conocida obra Nova Genera et Species Plantarum, en 1816.
Entre ellas está la palma real cuyo nombre científico actual es: Roystonea regia (Kunth) O.F. Cook. Sí, nuestro árbol nacional, el cual aparece en el escudo y caracteriza, con su gallar¬día, el paisaje cubano.

Este tipo de palma fue colectado, según se especificara por Humboldt y Bonpland en “… insula Cuba prope Havana, Regla, Ojo de Agua y Guanabacoa”; es decir, en la isla de Cuba, cerca de Habana, Regla, Ojo de Agua y Guanabacoa.
Además de Cuba (es la única especie de palma que crece en todas las provincias), podemos hallarla en La Florida (Estados Unidos), la península de Yucatán y la costa del sur de México; la costa caribeña de Belice y Honduras; las Islas Caimán y Pequeña Inagua, en Bahamas.
Las restantes palmáceas descubiertas por Humboldt fueron: Coccothrinax miraguana; Gastrococos crispa; y Sabal marítima, cuyos nombres vulgares más conocidos son: miraguano, corojo y palma cana, respectivamente.

Web premiada con el Premio Internacional OX 2016