
Matanzas, Cuba.- Sepultada en la bruma de la historia ante sucesos considerados de mayor porte, lo cierto es que el 27 de abril de 1898, hace exactamente 121 años, los pobladores de la ciudad yumurina y su hermana Cárdenas - un día después- fueron sorprendidos por el bombardeo de la armada norteamericana, exhibicionista demostración de poderío militar y ratificación de acción de guerra.
Para aquel entonces, ya había sido fabricado el necesario pretexto con la voladura del Maine el 15 de febrero y, como siguientes pasos para agenciarse la “fruta madura”; vendría la Declaración de Guerra a España, el socorrido bloqueo a la isla y la intimidatoria presencia de la escuadra del Contralmirante William T. Sampson.

La indagación en materia de conflictos bélicos, asignatura por ingresar a la compleja carrera de quienes apuestan por “desenterrar” la historia; de la autoría de Carlos Gilberto Landa y el arqueólogo yumurino Odlanyer Hernández de Lara, que contó con la cooperación de otros estudiosos matanceros y publicado en Argentina hace ya casi un lustro; nos acerca en su capítulo VI al primer acto de la guerra Hispano-Cubano-americana, bajo el sugerente título: El peligro nos viene de arriba, tomado del epistolario de la ilustre poetiza yumurina Dolores María Ximeno y Cruz.

El sondeo aporta una cronología desde diversas aristas -arqueológica y documental- de aquel mediodía del jueves 27 de abril de 1898, cuando más de dos centenares de proyectiles norteamericanos impactaron en las cercanías de las baterías de costa españolas, algunos en festinado vuelo cayeron en la ciudad sin causar víctimas humanas y otros, terminaron incrustados en paredes de viviendas.
Aunque la publicación, curiosamente, no ha sido agenciada por editoriales del patio; exhibe el mérito del acercamiento escrutador al primer acto de agresión norteamericana contra el cubano, al inicio de la Guerra Hispano-Cubano-Americana y no a una simple demostración de preponderancia o ejercicio militar, como se intenta presentar y al que se opone Hernández de Lara.

Demuestra el investigador que para la cobertura noticiosa del primer acto de agresión, “casualmente” a bordo del acorazado USS New York –primero que se abalanza hacia la rada yumurina y comenzaba el bombardeo- viajaba el reportero norteamericano Richar Harding Davies, escoltado por el USS Cincinnati y el monitor USS Puritan.
Enterado del asunto y repuesto del susto, el entonces Capitán General de la Isla; General Ramón Blanco Erenas, comunica de los acontecimientos al Ministro de Guerra de España: “Cónsules Francia y Austria protestaron contra violación guerra por bombardeo sin previo aviso; tropas plaza ocuparon sus puestos animadas mayor espíritu y digno mayor elogio de los fuertes cañoneados. Bombardeo duró una hora. Al parecer se ha causado averías barco enemigo tres chimeneas.”
Como era de esperar, los despachos noticiosos hicieron de las suyas, ya sea desde la óptica norteamericana, inclinada hacia las hoy conocidas Fake News; como la española, también con similar tendencia.

No es de extrañar que el diario El País -quizás guiado por las noticias publicadas en Londres como demuestran los investigadores- magnificara el hecho en su edición del 29 de abril; mientras que su colega El Correo Militar, mucho más cauto y cáustico, minimiza los acontecimientos: Obuses, bombas y torpederos…periodísticos.
En un escrutinio en profundidad, se logra acceder al reporte de municiones utilizadas contra los matanceros desde el acorazado USS New York: 15 proyectiles de ocho pulgadas, 61 de cuatro pulgadas y 28 de seis libras (Bureau of Navigation 1898:182) para un total de 104 proyectiles usados.

Ello prueba que el bombardeo a Matanzas se tradujo en inequívoca acción de guerra, y aun tratándose de intercambio de disparos de piezas de artillería desde maltrechas baterías de costa españolas, muchas veces incapaces de abatir por su reducido alcance a la escuadra norteamericana; curiosamente finalizó sin ocasionar víctimas humanas.
Una fuente testimonial recurrida, se remonta a la misiva de Dolores María Ximeno y Cruz; quien ofrecía tertulias literarias en su casa y a las que solía asistir entre otros Nicolás Heredia:
“Matanzas, mayo 1º. de 1898. —
Mi queridísima A…: Acabo de recibir tu carta que contesto acto continuo
porque tendrán ustedes curiosidad por saber cómo nos fue en lo ocurrido el otro
día… La alarma fue espantosa, las cornetas llamaban sin
parar, las campanas tocaban a arrebato, los cañonazos formidables
de las baterías y los de los barcos americanos se unían en un ruido
único que no te podré describir. No sabes en esos momentos qué
hacer ni cómo huir, porque el peligro te viene de arriba. Las balas
de los cañones americanos silvaban [sic] en el aire sobre nuestras
cabezas y al describir la onda sonora se oye como el chui, chui de
una enorme lechuza que pasara sobre el tejado de las casas… He vivido
un siglo en estos días.
Nuestra situación es tristísima. El sueldo de mi hermano sigue la
suerte del país, fluctuando en que se cobrará o no… hemos compra-
do por precaución galletas, carbón y laticas de leche aereada [sic]
—nada más— y con esto esperamos ese sitio que nos anuncian y
que vemos como un fantasma de muerte, porque carecemos en ab-
soluto de todo recurso monetario. Mamá muy impresionada:
completamente rendidos estamos todos,
y yo… yo fío en Dios,
porque sólo El en su infinita misericordia podrá librarme del hambre y del
horror de una guerra que tú verás que al estallar será formidable...
He adelgazado una arroba… ¡Que nunca suceda! La bala que cayó en
Pueblo Nuevo se extrajo y la exiben [sic] en la casa de comercio de Bea;
pienso ir a verla. Del bombardeo sólo resultó una mula muerta.”
(Ximeno y Cruz 1930:319-321).

Como es de suponer, el choteo del cubano respondió con otra andanada de ingeniosidad ante el inusitado desenlace de la asonada norteamericana y así lo recogió una publicación del New York Times del 5 de agosto de 1898, al replicar la entrevista del diario inglés London Globe a Mr. Smails, jefe de los oficiales del vapor Myrtledene, navío encargado del trasiego de azúcar y a la sazón, convertido en testigo presencial del increíble entierro:
“Había alrededor de 200 personas, incluyendo a numerosos oficiales de alta graduación y las autoridades de la ciudad. Todos iban en procesión acompañando con tristeza los restos de aquel desdichado animal hasta el campo donde iba a reposar, una banda de música que precedía el cortejo tocó música fúnebre todo el tiempo. Un oficial del Ejercito despidió el duelo al pie de la fosa y mientras se escuchaba una salva de mosquetería enterraron al cuadrúpedo envuelto en la bandera española”.
Al margen de lo hilarante del hecho, lo cierto es que el bombardeo de la armada norteamericana a Matanzas fue el inicio de la guerra en la que por insinuaciones de la vida; la única baja fue un pobre borrico empecinado en pastar plácidamente, ajeno a las implicaciones de las apetencias imperialistas.
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