
El campeón nunca muere. Alemania se tambaleaba en el alambre, pero los grandes siempre encuentran la forma de sostenerse. En la última jugada, Kroos lanzó un latigazo a la escuadra, esos de los que se cantan toda una vida. Alemania se mantiene con vida y ahora se vuelve más peligrosa que antes. Suecia salió desde el inicio con el guion esperado. Un equipo muy solidario, todos por detrás de la línea de la pelota y esperando el error del rival.
Un error que llegaría por el jugador menos esperado. Kroos, mariscal del pase, tuvo su único fallo del partido y costó gol. Ola Toivonen batió por arriba a Neuer y Alemania una vez más tenía que remar. Low movió el árbol en la segunda mitad volviendo a los orígenes teutones.

Mario Gómez, entraba a la cancha arrastrando marcas para que Reus, desde atrás, empatara recién comenzado el segundo acto. Con el paso de los minutos, los suecos se atrincheraban más y los campeones del mundo metían todos los jugadores en tres cuartos de cancha enemiga.
Las atajadas de Olsen desesperaban a Alemania. Boateng perdía los papeles y saldría expulsado a diez miutos para el final. Cuando el panorama pintaba más negro apareció Kroos para transformase de villano a héroe. El mediocampista del Madrid marcó el gol de su vida para mantener la esperanza teutona de revalidar el título.
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