
Como todos los seres humanos, el famoso científico Albert Einstein transitó hacia la eternidad ya cumplidos los 76 años, el 18 de abril de 1955, de forma aparentemente expedita e indolora, pues fue debido a la repentina ruptura de un aneurisma de su aorta abdominal. Entre sus últimas voluntades dejaba bien claro su deseo de ser cremado después de su muerte y que sus cenizas fuesen esparcidas en un río, haciendo el anuncio a los medios de difusión después de cumplido con eso.
No obstante, uno de sus grandes admiradores, por más señas patólogo, se apropió de su cerebro después de su autopsia y fue convertido en una casi religiosa reliquia venerada por muchos hasta el momento actual. Esa persona aspiraba a descubrir y dar a conocer las cosas excepcionales y maravillosas escondidas en esa aventajada masa encefálica capaz ella sola, de haber cambiado al mundo en algunos aspectos. Todos quienes participaron de esta investigación, y fueron muchos destacados científicos pues el cerebro fue particionado y enviado a múltiples destinatarios, realizaron su labor investigativa con la idea de estaban analizando el cerebro de un genio excepcional y por eso todos ellos se esforzaron en encontrar las particularidades excepcionales existentes.
Los resultados
Los primeros resultados de estas investigaciones sobre ese privilegiado cerebro fue su tamaño pues era más pequeño de lo habitual. Después fueron las células gliales que actúan como soporte de las neuronas y participan en el procesamiento cerebral de la información. En ese cerebro se encontró un menor número de las mismas, pero de tamaño más grandes. La corteza prefrontal, esa parte del cerebro responsable de la cognición espacial y el pensamiento matemático, estaba más desarrollada.

En el lóbulo frontal medio, área relacionada con la planificación y la memoria de trabajo, donde todos nacemos con tras crestas, en el cerebro de Einstein se encontró una «extra». En el cuerpo calloso, que permite la comunicación entre sus hemisferios cerebrales, en las de su cerebro se descubrió que era más grueso de lo normal. Esto, le habría permitido tener una mejor comunicación entre sus dos hemisferios. Sus lóbulos parietales eran asimétricos, presentando además lo que se conoce como «el signo de omega» en esta área; se relaciona con los músicos que tocan el violín y que, además, son zurdos, como lo fue Einstein.
El cerebro de todos
Cada cerebro individualmente muestra algo diferente al de los demás, pues este órgano es el resultado de nuestra vida, de aquello que hacemos y practicamos durante muchos años; algo tan sencillo como manejar un equipo automático en una fábrica o tener un trabajo creativo, dispone cada área cerebral de un modo específico para cada cual.
Si algo que caracterizaba a Einstein era su versatilidad, pues además de un genio de la física, hablaba varios idiomas, tocaba distintos instrumentos musicales y montaba bicicleta. Todo ello determinó en él un cerebro singular, menudo pero sofisticado y altamente especializado.

En estos momentos el interés de la comunidad científica está en el análisis de su ADN. En las décadas y siglos sucesivos, se verá hacia donde se orienta la veneración y el ansia experimental por los restos de Einstein que parece no tener fin.
Web premiada con el Premio Internacional OX 2016