El Delegado del barrio y los ingredientes de su receta

2011.11.02 - 18:35:32 / web@radiorebelde.icrt.cu / Aroldo Garca Fombellida

Rendicin de cuentas del Poder Popular
El término es absoluto. Están en todos los sitios de Cuba, lo mismo en la más importante ciudad que en el más apartado e intrincado paraje rural montañoso.

Sin dejar de ejercer su oficio, o su profesión; sin apartarse de su genuina condición de campesino o de jubilado, de estudiante, o de militar, sin descuidar sus quehaceres domésticos como amas de casa, y lo más importante, sin recibir ninguna remuneración económica adicional a la que recibe por su oficio o profesión, hay en Cuba 15 mil 93 personas, hombres y mujeres, con edades que fluctúan, pero siempre a partir de los dieciséis años, que se desempeñan en sus propios barrios de residencia, bajo una denominación que nació hace 35 años exactamente y enseguida se arraigó en todos los cubanos: El Delegado.

Entre ellos hay encumbrados y prestigiosos científicos, atletas de renombre, maestros, choferes, pilotos y trabajadores por cuenta propia. En su contexto aparecen venerables ancianos y jovencitos lampiños. En sitios sin distinción están lo mismo un destacado académico, con doctorados y maestrías vencidas, y un humilde campesino con pocos grados de dominio escolar.

Pero si algo resulta común entre todos es su aval de liderazgo casi innato, es su ejemplaridad paradigmática en el entorno del lugar donde viven, es su pasión por ayudar a los demás vecinos, es ser, espontáneamente, sin el apremio de lo impuesto, quien siempre esté listo para poner el hombro y el pecho para el necesitado, es quien sea declarado capaz de representar al barrio, a su barrio, porque lo más importante es precisamente ese detalle, al “Delegado” lo eligen sus vecinos ejerciendo un sufragio que se convoca, cada dos años y medio, en esos 15 mil 93 segmentos distribuidos absolutamente en toda la geografía cubana, y que a los efectos legales son denominados “circunscripciones electorales”.

Bien equivocados están quienes puedan pensar que el Delegado es un cero a la izquierda. El Delegado es la máxima autoridad política en su demarcación, y como tal se desempeña. En esa misión trascendental se han visto incorporados, en los 35 años transcurridos desde la instauración de los Órganos del Poder Popular más de 250 mil ciudadanos cubanos.

A no dudarlo se trata de una figura sui géneris en Cuba. Para ser elegido no valen ni se realizan campañas electorales individuales, no se recaudan “fondos de campaña”, y los candidatos, que inalterablemente tienen que ser por lo menos dos, son cercanos vecinos, amigos entrañables, y hasta familiares de cercana filiación como esposa y esposo, hijos y padres, y lo mejor, un candidato cualquiera resulta el primer apoyo de todos los demás, incluso hasta después de la definitiva elección.

Una vez escuché a alguien decir: ”Si un hecho está muy claro es que para ser Delegado hay que tener tremendo corazón”.

La frase, expresaba, en toda su magnitud, lo que de compromiso y dedicación encierra el trabajo del Delegado en una circunscripción cualquiera de nuestro país, porque su quehacer está intrínsecamente ligado a los problemas de su comunidad, que casi siempre son unos cuantos, pues conocidas son las limitaciones económicas que se enfrentan en Cuba.

Pero el Delegado elegido por sus vecinos no tiene varitas mágicas en sus manos. Su más importante misión radica en canalizar ante las entidades estatales competentes los problemas más acuciantes de su comunidad o de otras incidencias en el municipio donde se encuentra, y que en gran porcentaje giran en torno a las necesidades más elementales como la vivienda y los servicios básicos, que reciben el impacto de las estrecheces económicas que enfrenta el Estado Cubano, pero que también, muchas veces, se lastran, o entorpecen por las insuficiencias y fallas humanas que muy poco tiene que ver con las reales dificultades.

Quizás el más importante momento en el procedimiento de elegir a un Delegado del Poder Popular está en lo que se denomina técnicamente “nominación”, que tienen que ser dos como mínimo en cada circunscripción, y hasta cinco. Pocos días después se conforman las biografías respectivas de los candidatos y se realizan fotografías individuales a cada uno de ellos. Enseguida esas fotografías, con sus respectivas biografías, se exponen en sitios públicos, siempre en un mismo sitio todos los candidatos. Precisamente, esas biografías confirman que, en Cuba hablan el mérito propio, y la capacidad personal cuando de realizar una adecuada elección se trata.

Realmente antes de proceder a la selección definitiva los “electores” en que se convierten los vecinos del candidato en cuestión, valoran rigurosamente entre todos sus méritos aquellos que subrayan su capacidad para indagar, escuchar, atender a los demás con sus cotidianas inquietudes, tan humildes como sus portadores mismos, y que pueden ir desde la vivienda en mal estado, la calle inundada o la recogida de basura que se atrasa. Pero resulta que la propia confianza que insufla el Delegado a sus electores propicia convertirlo en consultante y consejero para mil y una cuestiones, de lo justo y lo divino, que muchas veces van hasta las íntimas situaciones personales.

El Delegado ya elegido no hace promesas, como sucedía en la Cuba de antes del triunfo  de la Revolución  con los aspirantes a ¨alcaldes de barrio¨, que obtenían la cédula electoral a cambio de prometer un médico o un maestro, un puente…y hasta un rio muchas veces para hacer posible su prometido puente. Así era entonces.

Los Delegados en Cuba solo tienen el compromiso de su encargo popular y trabajan para lograr la mayor satisfacción posible de su pueblo, como solicitó con su preclara visión, nuestro maestro mayor José Martí.

Pero, cuidado. No son perfectos nuestros delegados. En ocasiones les falta agresividad, sistematicidad o el empuje para involucrar y comprometer a los vecinos en la solución de problemas que pueden resolverse sin esperar por grandes recursos. También en ocasiones les falta toda la dedicación jurada para estar en todo momento a la caza del descontrol y la ineficiencia en su entorno. Otras veces, y lamentablemente ocurre con frecuencia, al Delegado se le califica de malo o de ineficiente cuando, generalmente por ignorancia o confusión, algunos piensan que posee una varita mágica .Pero en la inmensa mayoría de los barrios cubanos, baste escuchar ¡por aquí pasó el delegado! para respirar esperanza de que nuestro problema al menos será tramitado aún a sabiendas de que no solo de su voluntad dependerá el final feliz en las historias del barrio. Eso sí, el Delegado deberá siempre estar armado de tenacidad, acometividad, sensibilidad y paciencia, de ahí la importancia de no hacer de la propuesta ni del voto algo formal.

Pero no son vitalicios los Delegados. He ahí precisamente uno de los ingredientes principales para manifestar la democracia popular cubana. Cada dos años y medio, se realizan elecciones, que pueden revocar, y también ratificar al mismo elegido antes, y por cierto, hay unos cuantos diseminados por toda Cuba, que asumieron ante sus vecinos hace 35 años, y aún se mantienen por mayoritario mandato popular. Otros acumulan veinte años, diez, cinco, y otros son de reciente incorporación.

Todos por igual tienen la obligación de rendir cuenta a sus electores, dos veces cada año, sobre su gestión integral, y también todos, integran, por el derecho propio de su nombramiento oficial, las respectivas Asambleas Municipales, constituidas por la suma de los Delegados y Delegadas, y además investidas para ejercer funciones de gobierno cuando están constituidas.

Importancia máxima reviste el hecho de que, por la decisión soberana de la mayoría, uno de ellos, es elegido para el cargo de Presidente y otro ejercerá como Vicepresidente, también por el mismo periodo de dos años y medio, aunque tal espacio puede revocarse antes, o ratificarse para nuevos periodos, según decidan quienes los eligen.

Y como recompensa, solo una, el reconocimiento popular, que siempre es el mayor cuando el desempeño se ha erguido con la nobleza necesaria y la entereza del corazón, como para poder cumplir , una vez asumida y cumplida esa máxima martiana que expresa: “la silla curul es la misión; no es la recompensa de un talento inútil…Se viene a ella por el mérito propio, por el esfuerzo constante, por lo que se ha hecho antes, no por lo que se promete hacer”.



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   El Pillo      manuel@erh.patrimonio.ohc.cu      Cuba
   03.11.2011 - 8:35 am
Que me perdonen, pero hasta que no tengan fuerza real y legal (visible y potable) para resolver problemas puntuales que sufre el pueblo, para mi van a ser eternos recaderos manipulados por todos los entes de poder, con acciones que no tengan que esperar 15, 20 y hasta 25 aos y msssss para su solucin, como el arreglo de una calle, el arreglo de un edificio, la colocacin de un tanque de basura, el alumbrado pblico, la colocacin de un telfono pblico!!! y otros muchos problemas, con justificaciones perennes y promesas a larguiiisiiimoooosss plazos no resolvemos nada....felicidades para todos los que discrepan y ojal me publiquen......


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