
Desde pequeña Ina Mann se sentía feliz de jugar a la escuelita donde ella era la maestra y le daba clases a sus amiguitos y a las muñecas.
No obstante sus sueños no se hicieron realidad hasta que triunfó la Revolución en enero de 1959; sus razones fueron las de muchas jóvenes como ella: ser pobre, mujer y de piel como el ébano.
La profesora Ina Mann Mann recorrió los caminos difíciles de su formación desde Minas del Frío, Topes de Collantes y Tarará para terminar los estudios de magisterio en 1967.No obstante lo apartado de esos lugares ella era feliz pues al fin lograba lo que más quería en su vida.
Siendo muy joven se nutrió del saber de experimentados maestros que le transmitieron lo mejor de ellos; sobre todo los valores que debía tener un maestro, quien debía ser un ejemplo en todo para sus alumnos.
Un arcoíris de satisfacciones espirituales le regaló la naturaleza en esos lugares donde abundaban los ríos con sus aguas cristalinas, junto a la paz y el colorido de los paisajes.
Retrocede en el tiempo mientras dice: “Mis padres de origen muy humilde llegaron por separado a la provincia de Las Tunas procedentes de Barbados en busca de mejorar su situación económica; mi madre era la que cuidaba a la niña del administrador del actual central Antonio Guiteras, antes Delicias. Mi padre llegó luego de finalizar la Segunda Guerra Mundial, conoció a mi madre y se casaron”.

En 1961 se incorpora con 16 años de edad a la Campaña Nacional de Alfabetización en una zona de Puerto Padre, Las Tunas conocida por Cupei, donde lleva la luz del saber a siete campesinos.
Como experiencia inolvidable llena de nuevas vivencias cataloga la pedagoga aquellos meses que resultaron inolvidables para los alfabetizadores Conrado Benítez. Tampoco olvida el agradecimiento de los iletrados por la fortuna que le regalaron los alfabetizadores: aprender a leer y a escribir.
Recuerda con especial interés el viaje a La Habana y su incorporación a la beca. “Al principio empecé los estudios en un tecnológico pero no me gustó. Cambié en 1963 para el contingente que fue hacia Minas de Frío, Topes de Collantes a estudiar magisterio y proseguimos la carrera en Tarará, La Habana, hasta graduarme en el mes de diciembre de 1967 para formar parte en el segundo contingente de maestros Makarenko”.
Posteriormente retorna a las Tunas donde comenzó a impartir clases en una escuela multigrados de primero a cuarto grados, así como, quinto y sexto.
En abril de 1969 a su esposo le otorgan una vivienda en Caimanera, Guantánamo; allí despliega una amplia y fructífera labor como maestra en la educación de adultos y funda la facultad obrero campesina en ese territorio, además de una escuela juvenil; también fue subdirectora de otro centro educacional del lugar y durante 10 años delegada del Poder Popular en el Consejo Popular Caribe.
En 1979 trabaja en la enseñanza preescolar. Funda el Programa Educa a tu Hijo donde labora como promotora en un consejo popular. En el 2002 se jubila ostentando la condición de Vanguardia Nacional; sin embargo ante el llamado que hace el presidente cubano Raúl Castro se reincorpora a la misma actividad.
Por cuestiones personales desde hace tres años, reside temporalmente en La Habana y se siente satisfecha ya que actualmente imparte clases a las muchachas desvinculadas del estudio y el trabajo, que se preparan para ser auxiliares pedagógicas y asistentes educativas en círculos infantiles y las escuelas primarias, así como, educadoras de círculos infantiles.
Agregó que a ellas les proponía que tomaran lo mejor de lo que vieran en los centros adonde irían al graduarse; “los pueden transformar para bien de la educación de esos niños y niñas, con el objetivo de que lleguen a ser los jóvenes que aspira tener en un futuro la Revolución”.
Con similar entusiasmo que en 1963, año que decidió dedicarse a la enseñanza señaló: “Ellas están muy bien preparadas; reciben clases metodológicas, de política y de corte social. Además, nociones de matemática, pedagogía y psicología, conocimiento del mundo de los objetos, vida social y socio-moral que les permite instruir a los niños en esas edades preescolares.

Con 70 años de edad, se siente motivada ante la nueva tarea y afirma que uno de sus propósitos actuales es que las jóvenes que educa se enamoren como ella para siempre del magisterio.
Llena de vigor y deseos de enseñar llega Ina hasta nuestros días; dispuesta a repetir el camino recorrido cuatro décadas atrás.
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