
Pintura de Luis Paret y Alcázar (1746-1799)
Mientras el arte del siglo XVIII satisfacía las exigencias de la incipiente clase burguesa en el viejo continente, el estilo Rococó surgía en Francia, en cierta medida, como reacción a los excesos del régimen de Luis XIV. Italia, Alemania, Centroeuropa, y otras regiones serían testigos del despliegue de este movimiento artístico. Se manifestaba ya el final del estilo barroco y la evolución del arte hacia un gusto más contemporáneo, independiente y hedonista.
La llegada al trono de Felipe V y, por tanto, la instauración en España de la dinastía borbónica, influyó notablemente en el desarrollo del Rococó. Muchos estudiosos coinciden al plantear que, con la decadencia de las escuelas nacionales en el país ibérico, la evolución de dicha tendencia artística estuvo condicionada por la llegada de decoradores italianos como: Amigoni, Rusca, Giaquinto y Tiépolo; el regreso de pintores españoles que se habían formado en Roma y en Nápoles (entre ellos Rovira, Luzán y Antonio González Velázquez); y la adquisición de pinturas rococó importadas de Italia y Francia, por parte de la Corte española, los aristócratas y los burgueses selectos.
El historiador del arte, Yves Bottineau, al referirse a la relación existente entre las Cortes de París y de Madrid justifica las influencias artísticas que maduran en la Corte de España a través de un trasiego de ideas, de artistas e incluso de objetos. Esta “apertura programada”, se convirtió en la política artística de la monarquía borbónica.
Bottineau caracterizó el siglo XVIII al poner de relieve “su variedad de tono por la existencia de los polos opuestos de las reglas y el capricho”. Ciertamente, contingencias de todo tipo influyeron en los lenguajes artísticos que iban creciendo.
En el año 1700, la nueva monarquía borbónica establece un cambio gubernamental sobre la España del último rey de la Casa de Austria. Felipe V estrecha los lazos de amistad con Francia, lo que condicionará la renovación de valores y la potenciación de la experiencia cultural subyacente. Lo extranjero y lo nacional se mezclan y se influyen mutuamente para terminar en un proceso dialéctico tras la búsqueda de nuevas maneras de hacer. El arte y sus categorías fueron sometidos a un ferviente espíritu crítico que se interesó por el análisis de cada uno de los elementos de la obra, otra de las vías a través de las cuales se insistía en los aspectos tradicionales que se adecuaban a las nuevas tendencias y en los que serían desechados por considerarse obsoletos.

Convivió el arte Rococó en España con la pintura tardobarroca y, en alguna medida también, con el academicismo clasicista. Pero era un arte individualista, antiformalista y cortesano. La naturaleza, la mitología, la belleza de las figuras femeninas (incluida su desnudez) y el arte oriental servirían de inspiración constante para los artistas. El Rococó intentaba reproducir constantemente la vida aristocrática libre de preocupaciones, más que las batallas heroicas o los temas religiosos (como había sucedido con movimientos anteriores).
Es por ello que figuran, entre los temas más representados, las fiestas galantes y campestres, las damas, las aventuras amorosas y cortesanas. Además, se retoman personajes mitológicos para dotar a las composiciones de cierta sensualidad y frescura. Por lo tanto, la trama artística ayuda a que los individuos se identifiquen con historias idílicas.
Bajo el estilo Rococó, en la composición artística se desataca la "rocalla", forma ameboide constituida por hojarasca, flores y conchas, cuya función, en algunos casos, era brindarles unicidad a elementos espaciales distintos.
La rocalla, es un elemento hecho fundamentalmente de materiales como el estuco dorado o la madera. Tuvo particular importancia dentro del Rococó por su utilidad para la ornamentación de grandes lienzos. Incluso el término Rococó proviene de los vocablos: rocaille (rocalla) y coquille (concha).
Por su parte, en la escultura, estrechamente imbricada en la arquitectura, se manifiesta también el desarrollo y auge del Rococó.

El Rococó, salvo en Centroeuropa, apenas varió el aspecto exterior de los edificios, detenidos en el barroco e incluso en el clasicismo. En cambio, los interiores, fundamentalmente en los palacios, resurgieron con la exuberancia decorativa. En este sentido, creció la preferencia por salas de dimensiones acogedoras frente a los grandes espacios ya que el Rococó es considerado “un estilo más intimista”.
Es decir, el estilo no influyó tanto en la arquitectura oficial o la religiosa (que permaneció ligada a formas estilísticas anteriores, fundamentalmente a las exigencias precedentes de solemne representación) como en la arquitectura de los palacios de la aristocracia y en sus casas de recreo. En los exteriores se obtienen efectos de simplicidad mediante el tratamiento refinado de los muros y la abolición de los antiguos órdenes de columnas.

En cuanto a la arquitectura, un ejemplo de Rococó español es la Catedral de Cádiz (en cuya construcción intervinieron Vicente Acero, Gaspar Cayón, Torcuato Cayón, Miguel Olivares, Manuel Machuca y Juan Daura), aunque esta edificación también muestra vestigios del barroco (en la portada se conjugan formas cóncavas y convexas, característica de este estilo) y del neoclasicismo.
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