
Durante los próximos días el panorama informativo nacional tendrá en su centro la celebración de las sesiones finales del XX Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba, escenario ideal para el debate sobre las urgencias y reclamos que nuestra sociedad plantea para nuestro movimiento sindical.
Con una historia de luchas y liderazgos de una gran autenticidad y fuerza, el sindicalismo en nuestro país ha expresado desde sus orígenes las principales contradicciones económicas y sociales de cada época y momento, con una tradición de búsqueda de la unidad entre los trabajadores para contribuir a la solución de sus principales dificultades y demandas.
Esa no es la excepción de la coyuntura en que vivimos, donde el movimiento sindical tiene ante sí el reto de transformarse y desprenderse de las formalidades y los excesivos compromisos con las administraciones, para ser capaz a la vez de exigir y contribuir a la implementación de nuevas políticas económicas y sociales, y representar a sus afiliados en toda su diversidad, comenta para Haciendo Radio, el periodista Francisco Rodríguez Cruz.
Es evidente que al sindicato en Cuba le hará falta mucho más empuje y combatividad para cumplir con esa misión de defender los derechos de los trabajadores en un contexto de mayor descentralización y de formas de propiedad y de gestión de diverso tipo, las cuales complejizan las relaciones laborales y hacen surgir contradicciones, tal vez hasta antagónicas en determinadas circunstancias, y sí seguramente generadoras de conflictos que cada vez deberán ser más frecuentes y con multiplicidad de causas y actores.
El XX Congreso sindical deberá hacer diana en muchas de estas realidades, que parten también del principio básico del fortalecimiento de la institucionalidad en el país, que en este caso implica que cada organización tendrá que hacer lo que le toca, según su naturaleza y propósitos.
En las nuevas condiciones en que se desenvuelve nuestra economía, no necesariamente porque todas las partes de una relación laboral persigan la prosperidad, la eficiencia y el máximo provecho económico de una entidad, tendrá siempre que existir coincidencia en el modo de conseguirlo, ni en la manera en que esos resultados deben abarcar, implicar y beneficiar a sus integrantes.
En particular al sindicato le debe corresponder funcionar como una contrapartida real a los empleadores, sea cual sea su naturaleza, que ponga siempre en primer lugar los intereses de los trabajadores, vistos estos intereses en su doble carácter de lo que más fortalezca al sistema socioeconómico que ellos defienden, pero también lo que sea mejor para cada colectivo y para cada afiliado y afiliada a la organización.
Para nuestro movimiento sindical la tarea no ha sido ni será fácil, mucho más en medio de las dificultades económicas y las tensiones sociales que generan los actuales procesos de cambios, pero resulta indispensable que la fortaleza de su liderazgo se concrete en acciones más concretas y que la sociedad lo perciba como el papel protagónico que, en ese socialismo que pretendemos construir, deben desempeñar para el presente y el futuro, el sindicato y los trabajadores.
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