
El "sueño americano", la idea de que en Estados Unidos la gente puede salir adelante por sus propios méritos, es una "farsa", aseguró el economista y filósofo Daniel Markovits, profesor de la Universidad de Yale, reconocido por sus amplios trabajos académicos sobre cómo está estructurada la sociedad de la nación norteña.
En declaraciones a la BBC de Londres, Markovits afirmó que la concepción de que en su país quien persevera alcanza sus metas es equivocada.
Según lo que Markovits llama la "trampa de la meritocracia", el sistema socioeconómico estadounidense evita que las clases medias y bajas aspiren a escalar en los estratos sociales.
En sus explicaciones a la BBC de Londres, Markovits precisó que la meritocracia en Estados Unidos supone dar una oportunidad justa de éxito a todos, que las personas puedan salir adelante a partir de sus propios logros, en lugar de por la clase social de sus padres, o su raza, o su sexo o algún otro atributo.
Así, el llamado "sueño americano" que persiguen los estadounidenses y los inmigrantes se basa en la idea de que cualquier persona con habilidad, deseo y perseverancia puede llegar a la cima.

Del mismo modo, es la creencia de muchas democracias occidentales, con Estados Unidos a la cabeza, de que las economías de libre mercado están hechas para promover el talento y la excelencia.
Pero Markovits sostuvo que en algunas sociedades occidentales la meritocracia está generando en realidad una nueva forma de "aristocracia", y la educación es parte central del problema en el caso de la superpotencia.
Sobre esta última, el economista y filósofo advirtió que el país se ha convertido, de hecho, en una jerarquía de clases muy rígida y selectiva en la que las élites se segregan del resto de la sociedad.
Markovits señaló que los miembros de las familias estadounidenses más ricas se casan en diferentes patrones, crían a sus hijos en diferentes patrones, y lo más importante de todo, invierten enormes cantidades de recursos en la educación de sus vástagos para que los niños puedan ganar en la competencia meritocrática.
Como ejemplo, Markovits cita las universidades prestigiosas de la llamada Ivy League: Brown, Columbia, Cornell, Dartmouth, Harvard, Pennsylvania, Princeton y Yale.

De ahí salen muchos de los altos ejecutivos, empresarios, economistas, políticos y personas que toman decisiones en Estados Unidos, pero Markovits aclaró que el ingreso a esas universidades no es parejo para los estadounidenses desde sus primeros años en la escuela, porque viene determinado por la riqueza de sus familias.
De acuerdo con el análisis de Markovits, la mayoría de los estudiantes de la liga de las ocho universidades estadounidenses más prestigiosas pertenece al uno por ciento de los hogares que poseen tanta riqueza como el 50 por ciento de la población con ingresos más bajos en el país.
En cambio, los niños de familias en las clases menos favorecidas no pueden acceder a buenas escuelas, aun cuando tengan los méritos intelectuales suficientes para hacerlo, y eso se ve reflejado en las pruebas, con las brechas de puntuación favoreciendo a los ricos, quienes así compran la educación para sus hijos, según Markovits.

El economista y filósofo estadounidense denunció también que el no poder acceder a escuelas de élite repercute a su vez en el acceso a los empleos mejor pagados, ya que los egresados de esas universidades prestigiosas son los preferidos en la "meritocracia".
"La desigualdad económica está produciendo una mayor diferencia en el rendimiento escolar que la segregación racial en su momento. Eso es nuevo y eso es impactante", advirtió el profesor de la universidad de Yale, en su conversación con la BBC de Londres a propósito del lanzamiento de su nuevo libro:
“La trampa de la meritocracia: cómo el mito fundacional de Estados Unidos, alimenta la desigualdad, destruye la clase media y devora a la élite".
Web premiada con el Premio Internacional OX 2016