
La palabra fibroma en un diagnóstico médico, angustia a cualquier mujer. Por tanto, es aconsejable conocer sus características para acudir tempranamente a la atención especializada.
El aparato reproductor femenino puede verse afectado por diversas formas tumorales, algunas de carácter maligno. En particular, el tumor del cuello uterino representa la primera causa de muerte, después del cáncer de mama.
Los fibromas y tumores de ovarios suelen tener un pronóstico más favorable. Lo importante en el tratamiento de estas patologías es la precocidad del diagnóstico y, por tanto, las medidas terapéuticas, que por lo común se valen de la quimioterapia y de la radioterapia.
Determinante resulta la prevención mediante exámenes periódicos; en particular, la prueba citológica imprescindible en edades comprendidas entre 25 y 65 años, que descubren cualquier inicio de un proceso tumoral en el cuello uterino.
Una buena parte de los casos ingresados en los servicios de ginecología, son por fibromas o miomas uterino, tumoración de carácter benigno constituida por fibras musculares lisas que se asientan en la pared del útero. Recibe, además, el nombre de fibromioma y leiomioma. Su mayor presencia es en mujeres entre 30 y 35 años, lo que no descarta que se observe en pacientes más jóvenes.
El tamaño de un fibroma varía desde magnitudes microscópicas hasta un volumen que ocupe la cavidad abdominal; igualmente, su número también puede ser variable.
Persiste el criterio científico de que el mioma proviene de elementos musculares inmaduros y de las células embrionarias que responden a un estímulo estrogénico. Dependen del tamaño y localización del tumor, destacándose el sangramiento, dolor y abultamiento en la zona afectada.
De acuerdo con su variación, aparecen los siguientes signos:
Miomas subserosos: Constituidos por nódulos que al crecer hacia el interior de la cavidad abdominal libre, apenas ofrecen síntomas.
Miomas submucosos: Por su prominencia en la cavidad uterina, produce un estado de hemorragia permanente.
Miomas intramurales: Forma intermedia entre los dos anteriores, en la que se producen hemorragias durante la menstruación, y manifestaciones del carácter tumoral (abultamiento en el vientre y compresión).
Los riesgos implícitos en estos casos son: necrosis, torsión y parto del mioma.La transformación quística, calcificación, necrosis y hemorragias, también suelen ocurrir.
En el mioma subseroso, son posibles frecuentes infecciones y abscesos. El sangramiento puede relacionarse con las menstruaciones.
El tratamiento de estos casos puede ser de tres tipos: quirúrgico -extirpación parcial o total del mioma-; activoterápico -con Rayos X-, y el hormonal, que es puramente paliativo.
Contrariamente a los que muchas mujeres creen, el mioma no es sinónimo de infertilidad; no impide concebir ni su presencia afecta al feto.
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