El transitar de Neptuno

2019-03-03 14:39:11 / web@radiorebelde.icrt.cu / Heydi Gonzlez Cabrera

El transitar de Neptuno
Fotos: Alejandro Rojas Espinosa

En Cuba, tan pronto meteorología anuncia la proximidad de un ciclón, se toman todas las medidas para preservar las vidas humanas, y también, proteger los intereses económicos del país.

No está exento de esas precauciones el patrimonio estatuario del Centro Histórico de la Ciudad. Entre las áreas de mayor riesgo, se encontraba la estatua del dios Neptuno, cuya última ubicación es la Avenida del Puerto.

A propósito del tema, vamos a contarles el deambular, por diferentes sitios de la ciudad, de esa bellísima fuente del Dios de los Mares, que finalmente retornó en 1997 a su lugar de origen: la orilla del litoral, donde fuera erigida en 1838 con el ánimo de despedir y recibir a los marinos.

Hasta ese momento, sin tridente y con sus surtidores fuera de uso, el Neptuno de La Habana se erigía en el parque Gonzalo de Quesada (Calzada, entre C y D), en el capitalino barrio del Vedado, último de los siete lugares por los cuales transitó. Su traslado de ahí, hasta el Centro Histórico, fue aprobado por la Comisión Nacional de Monumentos.

El transitar de Neptuno

Presentaba un avanzado grado de deterioro cuando la Dirección de Arquitectura Patrimonial (Oficina del Historiador) concibió el proyecto para su rescate que, le devolvió la apariencia de recién esculpida.

La estatuilla, el pedestal, las conchas y sus bases fueron recuperados, mientras que las partes que conforman el estanque procedían del parque Víctor Hugo (calle 19, entre H e I), también en el Vedado, todas en pésimo estado de deterioro por la falta de mantenimiento.

Talladas en blanquísimo mármol de Carrara, las piezas exigieron un minucioso levantamiento arquitectónico, así como un cuidadoso desmontaje. Algunas de ellas, especialmente las que conforman el pedestal y la base de las conchas, son chapas, unas de gran peso y otras macizas. En total, la fuente tiene un peso aproximado de seis toneladas.

Haciendo un poco de historia, nos remitimos al gobierno del capitán general Miguel de Tacón en los años (1834-1838) cuando encargó dicha obra a Génova, Italia, para dedicarla al Comercio de La Habana. Sin embargo, no pudo verla culminada, pues fue inaugurada en 1839 durante el mandato de su sucesor, Joaquín Ezpeleta.

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La fuente-estatua formaba parte de un proyecto más abarcador que, adentrado en el agua, incluía un muelle de piedra —llamado «del Comercio»— y un espigón, cuya profundidad variaba desde cuatro hasta ocho pies.

La fontana era circundada por un barandaje de hierro, frente al Castillo de la Fuerza. Además de su función ornamental, brindaba un importante servicio social: el ¨derrame¨ de agua que salía por sus tres caños para abastecer a embarcaciones menores. Con tal propósito, se colocaron argollas de bronce para el amarre de las naves. Servía, además, como lugar de esparcimiento, pues a su alrededor había asientos de mármol para disfrutar de la brisa marina.

Así las cosas, en 1871 las autoridades decidieron el traslado de la fontana, debido a su deterioro por las varias averías, la peor de todas, provocada por el bergantín norteamericano «J. B. Hautington», que destruyó parte del barandaje.

Entonces comenzó un peregrinar por distintos puntos: Alameda de Isabel II, Alameda del Prado… hasta que vino a parar al Parque de la Punta, donde la sorprendió en 1899 la intervención norteamericana.

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En 1912 acordaron desarmarla y guardarla en el Depósito Municipal, de donde salió polvorienta y olvidada, gracias al primer director del Museo Nacional, quien tomó el pedestal y la estatua para adornar la instalación del Maine, situada en la planta baja de esa institución.

Tres años después, el dios mitológico fue trasladado por el entonces Secretario de Obras Públicas, coronel José Ramón Villalón, hacia el parque Gonzalo de Quesada, también conocido popularmente como ¨el parque de Villalón¨.

En su siguiente ubicación se escogió, el primer saliente del malecón, unos cientos de metros más hacia el oeste, donde hay un grupo de pilotes de hormigón armado. El proyecto previó la escasez de agua en la zona, instalando una caja que abastece de la misma a la fuente, con un sistema de recirculación gracias a una bomba sumergida dentro del propio recipiente. Tuvieron en cuenta la estabilidad necesaria al monumento frente a las fuerzas del viento típicas en la zona. Luego, se procedió al enchape con las piezas originales, colocando finalmente la escultura unida a una base hueca por donde salen los chorros de agua.

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En el rescate de esta obra se incorporó el tridente del Neptuno, añadido que tuvo en cuenta las proporciones originales de la estatua y requirió extrema habilidad por parte de los especialistas del taller de mármol perteneciente a la Empresa de Restauración de Monumentos.

La fuente de Neptuno quedó a imagen y semejanza de aquella que, hace más de siglo y medio, otorgó un toque diferente a este lado del litoral, para beneplácito de quienes transitan de día y de noche por sus alrededores.

Por tanto, cuando un ciclón amenaza, es casi natural para los vecinos de la barriada, ver el transitar de Neptuno hacia su albergue temporal, y cuando el sol bañe nuevamente la bahía, entonces, volverá el dios de los mares, a su enclave habitual.

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