
Holguin. Cuba.- Pasaron casi diez años desde las primeras obras constructivas, luego sus avances, y la aplicación de novedosos proyectos ingenieros, nunca o poco vistos en Cuba.
Parecía un sueño, difícil, y lejano.
Agua, ese líquido vital que cada vez escasea más en el mundo, se presentaba en territorio holguinero en dos estadios extremos. Muy poca para la zona oeste, crisis agravada por los cada vez mayores periodos de sequía, y sin embargo enormes volúmenes reservados en la zona este de la provincia, con el inmenso río Mayarí como centro.
La única posibilidad de utilizar esas aguas, y otras que futuramente también pudieran unirse procedentes de los reservorios localizados más al este, allá por Sagua de Tánamo y Moa, sería acometer una colosal obra, millonaria en costos, trascendental y sin precedente alguno en aplicaciones ingenieras.
Con estricto rigor detallista empezaron a surgir los túneles y canales entre montañas, y al mismo tiempo, se levantaba un gigantesco embalse para el río Mayarí.
El agua comenzaba a moverse, a la de Mayarí se unirían otras comunicando embalses hechos o por hacer.
La obra comenzaba a sentirse, su nombre e convertía en familiar: Trasvase este oeste.

Presa Mayarí. Foto: Aroldo García
Pero de nada valdrían esos enormes esfuerzos constructivos, de nada valdría que el agua ya corriera rauda por esos túneles, y por esos canales, si no existiera un programa para extender esos gigantescos volúmenes hasta sitios con poca o ninguna agua.
Estamos en los llanos localizados desde el centro, y hacia el norte de la provincia de Holguín, se extienden desde Cueto, pasan por Báguano, y se adentran en Banes.
Aquí están precisamente los mayores macizos cañeros abastecedores de los ingenios Loynaz Hechevarria, López Peña y Fernando de Dios, buenas tierras pero cada vez más secas.

Construcciones de canales. Foto: Aroldo García
A la vista comienza a materializarse una sabia decisión, enfrentada aun las conocidas restricciones económicas latentes.
La extensión de los canales es una realidad, se diseña y aplica un proyecto abarcador, se importan costosos equipos de bombeo, y sistemas de riego.
Llegan y se instalan de inmediato máquinas de alta tecnología, con métodos de aplicación diseñados como verdaderos trajes a la medida en cada sitio, incluso con alternativas para cuando alguno falle, los demás asuman.
Las plantaciones cañeras comienzan a recibir el líquido vital, procedente del lejano embalse mayaricero. Se encomienda para atender la tamaña inversión a la representación de AzCuba radicada en la provincia, precisamente quienes se servirán de ella.
Es mediodía de un caluroso domingo de Junio, junto a los especialistas y directivos inversionistas de AzCuba recorremos cada una de las estaciones, la mayoría ya en pleno funcionamiento.
El nuevo paisaje es elocuente. Los hermosos tonos de verde intenso delatan la presencia del agua.
Las cañas que desde ahora se beneficiaran con el valor de uso dado al trasvase, duplicaran y más los actuales rendimientos. El pronóstico, con los pies en la tierra, indica que pronto alcanzarán entre 90 y 100 toneladas de buenas cañas por cada hectárea cosechada, pues se está atento hasta a las variedades que se siembran.
El programa de regadío prevé cubrir 580 hectáreas. Lo dicho es como asegurar que los cinco ingenios que posee Holguín podrán, igualmente, duplicar, y hasta mucho más, las actuales producciones de las campañas anuales, pues, precisamente, la falta de caña es actualmente el mayor problema enfrentado.
Vale entonces, el esfuerzo de tantos, unidos por tan nobles objetivos.
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