
El inicio del proceso de nominación de candidatos a las Asambleas Municipales del Poder Popular, punto de partida del sistema electoral cubano, ocupó los intercambios de la Mesa Redonda Informativa de este jueves, que contó con la participación del presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, Ricardo Alarcón de Quesada y la titular de la Comisión Electoral Nacional, Alina Balseiro, entre otros invitados.
Por más tres décadas y media el ejercicio de una democracia participativa, sin intervención de partidos políticos y con representantes elegidos por sus vecinos en sus propios lugares caracteriza el sistema electoral cubano, cuyas esencias descansan en la herencia proveniente de nuestra primera constitución mambisa, adoptada en Guáimaro el 10 de abril de 1869, pocos meses después del inicio de las luchas independentistas contra el colonialismo español.
Cada dos años y medio, millones de cubanos eligen por el voto directo y secreto a sus representantes a nivel local. Ellos conforman las 169 asambleas municipales, cuyos máximos cargos son seleccionados de entre sus integrantes, quienes adquieren capacidad legislativa en cada una de sus demarcaciones.
En su intervención el presidente de la Comisión de Asuntos Constitucionales y Jurídicos de la Asamblea Nacional del Poder Popular, José Luis Toledo Santander, enfatizó el sentido político del proceso electoral, cuyas prescripciones legales parten de las propuestas realizadas en las más de 50 mil asambleas de nominación, donde los propios vecinos designan a sus candidatos, quienes de hecho integran la cantera de futuras autoridades territoriales.
Libre de toda farsa politiquera, las autoridades electorales surgen del propio pueblo, que al igual que los futuros delegados de circunscripción desempeñan tal responsabilidad sin ninguna remutación adicional, expresión de un compromiso adquirido con la sociedad.
Desprovista de toda maquinaria electoral, libre de propaganda politiquera, y ejercida mediante el voto libre y secreto de cada ciudadano, la selección de los representantes del poder de Estado en cada circunscripción parte de la identificación y el sentido de compromiso reconocido por la comunidad, una responsabilidad que no entraña prebendas o privilegios, y en la que se prueba la capacidad de liderazgo y el sentido de pertenencia de los escogidos.
Nuevamente Cuba ejercerá su responsabilidad de gobernar con un pueblo y para un pueblo, con una misma voluntad elegida por consenso hace más de medio siglo.
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