En 3 y 2: Cuerdas que reventaron en semifinales

2017-01-17 21:34:33 / web@radiorebelde.icrt.cu / Yirsandy Rodríguez Hernández

Yurisbel Gracial cometió costosos errores en el campo corto. Foto: Ricardo López Hevia
Yurisbel Gracial cometió costosos errores en el campo corto. Foto: Ricardo López Hevia


Los Tigres de Ciego de Ávila y los Alazanes de Granma clasificaron a la finalísima en la edición 56 de la pelota cubana, luego de echar por tierra las fortalezas de los Leopardos de Villa Clara y los Cocodrilos de Matanzas, respectivamente. No obstante, les propongo una interrogante: ¿cuáles habrán sido las cuentas que aislaron a Matanzas y Villa Clara del intento de tocar el cielo?

Para respondernos dicho enigma, aquí las “cuerdas flojas” de cada equipo.

Las cuerdas de Matanzas fueron…

Los Cocodrilos se armonizaron para un concierto de 70 y 20 en el escenario regular, una cuerda que sin lugar a desafinaciones, le subió la tonada a su irrupción en competencia versus Granma. Ese primer paso de récord bajó en la segunda etapa, donde todos pudimos ver que la nómina del manager Víctor Mesa no era tan superior como proponían sus elocuentes numeritos. Ellos, habían ganado al menos en dos trotes 18 y luego 19 partidos consecutivos –una nueva marca para equipos de la provincia-, pero en el coro a seis voces –ya con refuerzos en la orquesta- afrontaron “desafinaciones” que le sumaron algunas rachas negativas de juegos perdidos en fila.

Ciego de Ávila, aunque no fue tan ganador como el recordista, jamás perdió cuatro “estrofas” en línea, y eso nos hizo conocer a todos cuál sería el “tema más pegao’”.

Una vez en la postemporada, los Cocodrilos –atiborrados con la presión de saberse recordistas y obligados a vencer-, como todos conocen tuvieron que apretar cuerdas luego de caer abajo 2-1 versus los Alazanes, “sonaron campanas al vuelo” y pusieron la placa a punto de mate con un 3-2, regresando al teatro de casa. Pero…, como casi siempre hay un pero… El día de la sexta y séptima presentación, la batería no sonó lo esperado, las congas se desaparecieron, y los coros en el graderío no tenían cuerdas vocales. Eran puramente una pantomima.

Descollantes en deslices fónicos fueron las pifias del torpedero Yurisbel Gracial, los cambios de voces (lanzadores) de Víctor Mesa en situaciones extremas y considerables, y una que otra falta de ritmo le bajaron el telón a los matanceros con el triste destino de una última presentación en la tarima de la 56 Serie Nacional de Béisbol. Así cerraba su concierto.

Las cuerdas de Villa Clara fueron…

A Vladimir Hernández jamás le funcionaron dos teclas imprescindibles (Freddy Asiel Álvarez y Yosvany Torres). La concordancia madero en mano tuvo sus decibeles positivos (sobre todo Alexander Ayala –quien respondió como refuerzo- y el receptor Javier Fusté, contra todo pronóstico-. Sin embargo, veteranos del género (dígase: Frederich Cepeda, Alexander Malleta y Yeniet Pérez, capaces de empujar solo 4 carreras en 64 turnos) no pudieron hacerse ‘sentir’ y, entonces, haber empatado el ritmo de la semifinal a dos éxitos no fue suficiente. Dos estridencias después (Ciego de Ávila ganaba la serie 4-2), el “Rucu, curucu a Santa Clara” –aquél que inmortalizaron los Irakeres- no se escuchó, y los Leopardos vieron el fin en la selva ajena.

Tendencias: Los Cocodrilos de Matanzas, que ahora tienen al menos plata y bronce desde 2012, volvieron a perder dos juegos cruciales en casa, teniendo en la mano el pase a la final como en 2016 ante Pinar del Río. De home club, su balance de postemporada se sumergió hasta un balance adverso de (13 y 14 desde 2012), y (3-7) desde la 54 Serie Nacional.

Polémica jugada en home en el estadio José Ramón Cepero. Foto: Osvaldo Gutiérrez Gómez
Polémica jugada en home en el estadio José Ramón Cepero. Foto: Osvaldo Gutiérrez Gómez

A decir verdad, Villa Clara cumplió su mejor papel tres años después de haber ganado el gallardete de campeón en 2013. Pedirle una victoria ante Ciego de Ávila, actual titular nacional, era una meta difícil –más no imposible- que no se pudieron creer. Lo creo así, porque en los rostros naranjas me percaté del síntoma de la hazaña cumplida (aunque a medias), y el fatal conformismo.

No eran vítores de pre postemporada. La victoria de Ciego de Ávila se veía venir, y el resbalón de Matanzas ante Granma, también tuvo “ecos antecesores” –recuerden que los Alazanes habían vencido por barrida a los Cocodrilos en dos años seguidos, 2015 y 2016-.

Así pues, la campaña beisbolera llegó a su recta final, y desde este miércoles veremos hasta donde subirán los acentos de las emociones en los estadios, con cada graderío como asiento en espera por la algarabía de cada fanaticada. Esperemos al ¡play ball!



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