• Wednesday, 08 de July de 2020
  • En Audio: El Martí que yo conozco

    2020-01-28 12:47:09 / web@radiorebelde.icrt.cu / Erick Méndez Díaz


    El Martí que yo conozco

    Como un susurro lejano llega a mi memoria la voz de mis profesores de Historia de Cuba, esos que me presentaron a un patriota impoluto, perfecto, sin tacha. Un hombre que, sobre un pedestal, convocaba a todos los cubanos a luchar por la libertad de la patria.

    El Martí que yo conozcoHe leído de un Apóstol, un ser de luz y visión infinita. Una deidad terrenal, un mesías llegado al mundo con la encomienda suprema de aunar los esfuerzos de todos aquellos que deseaban desatar el yugo que oprimía a sus semejantes y oscurecía los destinos de su nación.

    Sé de un héroe que no temió a las balas, que sobre la montura de un caballo blanco partió en busca del combate y encontró, de cara al sol, la muerte.

    Respeto la efigie que, tallada en mármol o moldeada en bronce, recuerda la estirpe de un patriota, de un apóstol, de un héroe, y que, después de mancillada, renace con más temple, con más fuerza, con más luz…

    En cambio, tengo un amigo sincero que se llama José Martí. Un hombre que, a través de la voz de mi madre, me hablaba de un camarón encantado, de un rey sabio llamado Meñique, del griego Homero y su Odisea, de París y su exposición, del terrible sufrimiento del rey y del pastor tras la muerte de sus hijos.

    Un maestro que, allende al mundo de la fantasía, me habló de Bolívar, San Martín e Hidalgo, pero también de Céspedes y de Agramonte. Un profesor que, sin necesidad de tiza ni pizarrón, me dio lecciones de la historia de nuestro continente y del mundo.

    Conozco a un Martí humano, que tembló de impotencia ante los horrores de la esclavitud, mal que conoció desde muy pequeño. Un adolescente que vivió las penurias de la prisión y los trabajos forzados que le dejaron dolorosas huellas que marcaron su existencia.

    Admiro al poeta apasionado, enamoradizo y galante que supo convertir en versos sus romances pueriles, sus penas de amor adulto, pero sobre todo al que hizo de su patria la musa que lo inspiró a escribir sus más ardientes estrofas.

    Compadezco al hombre que, en soledad, sufrió el implacable frío que provocaba el invierno neoyorquino y la lejanía de sus seres queridos y de su amada tierra.

    El Martí que yo conozcoMe emociono al ver el sentimiento de un padre que le dedica a su Ismaelillo una lírica permeada por la inmensa ternura que despierta en el poeta el minúsculo tamaño de los piececillos de su caballero.

    Disfruto del periodista polémico, agudo en sus opiniones, sensible ante los dramas de la vida cotidiana, crítico con los opulentos y piadoso con los necesitados, previsor de los males futuros, entregado por completo a la misión de servir.

    Me asombro ante el político honrado y austero que, con los zapatos gastados, desandaba las ciudades de Estados Unidos aunando voluntades y fondos para organizar una “guerra de amor”.

    Yo conozco a un Martí que murió en Dos Ríos, y que renace cada día con las luces del alba. Un hombre que se convierte en fuego en la mano de los jóvenes que cada enero lo veneran. Un ser que es poesía para quienes con amor interpretan sus versos, que es maestro en cada escuela. Espíritu que se echa a volar con cada paloma que surca libre los cielos de esa Cuba que tanto amó.

    Y no es de temer que mi amigo sincero, ese que desde pequeño me acompaña, no se parezca al suyo, es que, no hay dudas, que cada cubano lleva, en su pecho, su propio Martí…
     


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