
Minas ubicadas hoy en territorio moense. Foto: Aroldo García
Holguín. Cuba. Cuando se analizan las aristas que sostienen a la economía cubana, necesariamente emerge como uno de los titulares principales un término aborigen, denominación oficial de un municipio, localizado en predios de la geografía holguinera, donde precisamente se asienta, actualmente, y desde hace varias décadas, uno de los soportes fundamentales de la economía nacional. Claro que la referencia es a Moa.
Para comenzar, es necesario aclarar que Moa hoy ni se parece a aquel pobladito del norte oriental cubano, cuatro o cinco décadas atrás, asociado en todo a la palabra difícil, impregnado de azufre, polvo rojo que penetraba hasta los huesos, y fango perenne provocado por las lluvias, relacionadas con la zona, eminentemente boscosa.
Barracas enormes, campamentos, gente de toda Cuba, grandes camiones, grúas, equipos de construcción, eran piezas comunes insertadas entonces en el paisaje local.
Pero Moenses, lo que se dice moenses, muy pocos.
Hoy se dice, con meridiana exactitud, que alguien que nace en Moa, y ya son varias decenas de miles por cierto, no tiene que salir de sus fronteras locales para formarse como importante científico, intelectual, ingeniero, maestro, o cualquier otra profesión u oficio, tal si residiera en La Habana, por ejemplo.
A la ciudad capital del municipio no le falta nada de lo que pueda tener una capital de provincia.
Y tiene más, porque tiene níquel, y fábricas para procesarlo como ningún otro sitio en el país.

Zona Farrallones de Moa. Foto: Aroldo García
En Moa radican las dos únicas plantas procesadoras existentes en Cuba, una, la Comandante Pedro Soto Alba, con cerca de sesenta años de funcionamiento. Esta fábrica permanece, desde hace más de veinte años, bajo una administración compartida cubana con la prestigiosa Cherrit Canadiense.
La otra, con treinta años de incesante labor, es la Comandante Che Guevara.
Para mantenerlas en funciones plenas, mucho más si se tiene en cuenta que son procesos continuos todo el año, no se descuidan los imprescindibles mantenimientos. Igualmente, y cada vez que es posible económicamente, se les incorporan nuevas inversiones para mejorarle eficiencia, tecnología, humanización laboral, y condiciones de trabajo.
Entre las más recientes están una planta productora de ácido sulfúrico, imprescindible en el proceso de la Pedro Soto Alba, una presa de cola o residuos de producción, que por cierto no son tan residuos, pues poseen otros minerales, sistemas propios de generación eléctrica, elementos de modernización, así como sustanciales cambios en la tecnología existente en los equipos de extracción minera, y acarreo.
Esas inversiones son, dicho en términos económicos, millonarias.
A lo dicho se agrega la constancia en la superación del capital humano, para lo cual cuentan con una universidad en la propia localidad moense, cuyo perfil principal es precisamente minero metalúrgico, aunque ofrece un amplio abanico de otras especialidades.
Solo así es posible enfrentar los fluctuantes precios internacionales del níquel, generalmente bajos en los años más recientes.
La otra fortaleza está en la disciplina tecnológica imperante, y en la constante vigilancia en favor de la eficiencia integral, desde las minas a cielo abierto, hasta el proceso final de obtención del mineral.
Pero como toda explotación minera en el mundo, el níquel no es vitalicio, no es infinito, y por tal razón, un día terminarán las reservas del mineral laterítico en la zona.
Para ese momento ya se preparan.
De ahí la importancia de poder alcanzar la integralidad en otras ramas económicas presentes en la región, aun no explotadas, o explotadas al mínimo, para que Moa, siga siendo Moa.

Proyecto Melaneo. Foto: Aroldo García
Cuando no haya níquel, o fuera necesario, o aconsejable económicamente detener sus procesos de obtención, a Moa ya le asistirán otros frentes que están allí, muy bien representados.
Y son las riquezas maderables de sus montañas, la producción agropecuaria de sus extensas tierras cultivables, la pesca marítima, el turismo, el excursionismo, el alpinismo, el buceo, la producción de maquinarias y servicios de mantenimientos y reparación a grandes industrias, y unos cuantos frentes más.
Son en suma proyectos factibles, sobre la base de inversiones racionales, que ofrezcan resultados productivos en aquellos renglones, que actualmente se importan desde otras partes del país, o desde el extranjero.
Como resorte coordinador y movilizativo imprescindible se estudia, con acucioso rigor, tanto desde las instancias locales, como desde la dirección central del Estado Cubano, la cercana posibilidad de aprobar para Moa un programa de desarrollo y atención integral que enlazaría, tanto los programas económicos actuales, con otros en estudio, teniendo en cuenta las amplias posibilidades descriptas, y otras que apenas se mencionan, pero que también están al alcance.
Los renglones de su economía actual, sus aportes, y las perspectivas de Moa, seguirán siendo decisivas para Cuba.
Con el níquel de hoy, con el que aún permanece en las inmensas minas de la región norte oriental de Cuba, y con otros renglones locales, que aún están por explotar.
Como dice el estribillo de aquel antológico son, creado por el inmortal maestro de la música cubana, Juan Formell... “En Moa la verdad se abre camino”...un futuro cierto, minas a cielo abierto y más.
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