Foto: Aroldo García Fombellida
Holguín, Cuba. –A la Plaza de la Revolución Mayor General Calixto García le profeso un cariño muy especial y entrañable. La vi nacer, justo hace ahora 36 años, en 1979, cuando aún sin terminar su construcción, recibió aquel primer desfile obrero, y luego, su estreno oficial, el 26 de Julio de ese mismo año, justamente una semana después del triunfo de la Revolución en Nicaragua. Cómo no recordarlo, si ese 26, como lo catalogó Fidel en su discurso, fue nuestro 26 Sandinista.
Y en eso pensaba yo esta madrugada, cuando otra vez, como tantas, llegué a la Plaza mucho antes del amanecer, para otra vez ser testigo de los que se avizoraba ya, por muchas razones especiales, y motivaciones desbordadas, como un día histórico.
¿Cuántos desfiles y grandes actos en esta Plaza habría visto antes de celebrarse el de hoy? Sencillamente decenas, cientos, miles, y no exagero.
Primero fue la ofrenda de rosas rojas a Calixto, allí donde descansa el coterráneo ilustre y valiente, quien peleó, machete en mano, en tres guerras por la independencia nacional. Justa designación para hacerlo, a dos de los médicos holguineros, recién llegados del mortal combate contra el ébola en África Occidental.
Y enseguida comenzó el desfile, justo a las siete de una mañana literalmente hermosa. La bóveda celeste parecía recién pintada de un brillante azul turquí, mientras el sol, que otra vez, como en estos días, subió raudo, y adelantó sus fuerzas, no pudo borrar la fina brisa que inundaba la explanada.
Comenzó a las siete, sí. Pero pudo ser mucho antes, pues los Bloques, las alegorías, las iniciativas, los trabajadores, y sus familiares, estuvieron listos más de una hora antes.
Y pasaron los bloques, y los sindicatos, y los obreros, y los campesinos, y los combatientes, y los artistas, Y pasaron imágenes difíciles de olvidar pronto.
Una hora treinta minutos.
A las ocho y treinta de la mañana, luego del imponente bloque de los defensores de la patria, curtidos algunos, bisoños la mayoría, pero arropados con el mismo verde olivo, pasó una conga, de las que solo saben hacerla con la receta exacta quienes residen al este del Rio Jobabo y hasta la Punta de Maisí.
Era el cierre.
Y fuimos entonces a cobijarnos un momento bajo el hermoso y recién remozado Friso de la Plaza, y allí nos vimos de pronto, junto a los Héroes, con las medallas en sus pechos algunos, otros resguardándolas bien adentro del corazón, pues sus dueños, estos médicos recién llegados de África, se empeñan en decir que ellos no hicieron otra cosa que cumplir con el deber de Cubano.
Y escuché a los especialistas decir que la cifra de doscientos mil participantes quedó pequeña, pues se superó en varios miles más. Y que el colorido, y que las iniciativas, y que la euforia, y que la alegría, y que los niños y niñas con sus padres o abuelos, fue mucho más que siempre.
Y por si me faltaba algo aun, terminé por encontrarme con otro Héroe contemporáneo, el de Cabinda, y mil combates más, ser humano de excepcional condición, General de Cuerpo Ejército, villareño de nacimiento, y Oriental por adopción, Ramón Espinosa Martín.
No lo dudes periodista, no vaciles en poner que el de hoy ha sido el más impresionante desfile obrero celebrado en la historia de esta plaza de Calixto.
Internacionalistas holguineros que combatieron el ébola en África Occidental. Foto: Aroldo García Fombellida
Foto: Aroldo García Fombellida
Foto: Aroldo García Fombellida
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