
No es secreto que si continúan las emisiones de gases de efecto invernadero, la temperatura del planeta podría aumentar hasta 10 grados a finales de este siglo.
Los estudiosos del clima insisten en que las altas temperaturas siguen marcando nuestro planeta. Se comprueba la migración de plagas que redunda en aparición de múltiples enfermedades, y me refiero al cólera, dengue o fiebre amarilla en zonas que, anteriormente, era imposible. Por ejemplo, en el Reino Unido se han reportado cepas de la malaria. También la Organización Mundial de la Salud (OMS) reveló un raro brote del ébola en África.
Indudablemente, el cambio en las temperaturas afecta a la tasa de reproducción de algunos tipos de plagas como el mosquito tigre, las termitas o las cucarachas, entre otros. La transportación continua de ganado o productos para la alimentación, devienen posible vehículo para dichos vectores.
España enfrentó inundaciones en algunas zonas que propiciaron enfermedades transmitidas por el agua y los hongos. En sentido contrario, las sequías desatan a las langostas y "moscas blancas". Y como los inviernos perdieron su intensidad, la mortalidad de algunas especies de insectos, conlleva el aumento en la estación siguiente. Hipótesis que justifica ahora la superpoblación de roedores.
Lo importante es que la ciencia no descansa en el esfuerzo por frenar el fenómeno que amenaza la vida del planeta.
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