
“Nací en Nuevitas, donde transcurrieron mis primeros veintidós años. Un paraje en el que ni siquiera existía una biblioteca, a pesar de que este puerto era un importante enclave para la exportación de azúcar, el mayor del mundo. Pero eran los pescadores, los tortugueros, los trabajadores del puerto, los que resguardaban la memoria histórica de aquella comarca. A ese puerto arribaban cada año unos trescientos buques de gran porte, de todas partes del mundo, bajo todas las banderas, y ese tránsito conformaba un fabuloso universo de misterio, de fascinación.”
Así describe Enrique Cirules el mundo que lo recibió al nacer. De aquel escenario heredó su pasión por descubrir y contar historias. Por eso a los 33 años publicó su primer libro y desde entonces, nunca más dejó de escribir.
Ya a finales de la década del 50 del siglo XX, Cuba era refugio de grandes magnates. En la historia del Hotel Nacional quedaron grabadas anécdotas, reuniones y fiestas de hombres como Meyer Lansky y otros norteamericanos. Sin embargo, fue precisamente Enrique Cirules quien tuvo el privilegio de profundizar en estas cuestiones y entregarle al público diversas obras sobre el tema. Hoy este escritor figura como uno de los más grandes ensayistas y narradores contemporáneos cubanos.
Aunque entre sus libros podemos encontrar “Hemingway en Cuba” y “Hemingway en la cayería de Romano”, sin dudas, entre sus volúmenes más atrayentes están “El imperio de La Habana”, (Premio Casa de las Américas y Premio de la Crítica Literaria en 1994) y “La vida secreta de Meyer Lansky en La Habana”, los cuales recogen, a través de testimonios de alto valor histórico, las actividades de la mafia estadounidense en Cuba hasta 1959.
Cirules había sido profesor de Historia y Español, y de aquella labor pedagógica, siempre acompañada de su interés investigativo, nacieron sus escritos publicados después como cuentos, ensayos, novelas, y libros entrañables para todo cubano. Ese valor imperecedero de su obra ha quedado demostrado a partir de las traducciones de sus textos a varios idiomas como ruso, francés, inglés, alemán y portugués.
Recientemente, antes de morir, reafirmó en una entrevista esa voluntad profesional que lo acompañó durante todos sus días como ley de vida: “Es como si estuviera aprendiendo el oficio de escritor. Un oficio bastante complicado, porque lo que más deseo es conformar una obra capaz de agradar a los lectores. Eso, y sumergirme en el universo de la novela, para complacer los reclamos de mi vocación”.
Web premiada con el Premio Internacional OX 2016