
Quienes visitan el Museo de las Telecomunicaciones —situado en la céntrica esquina de Águila y Dragones— bien cerca del Capitolio de La Habana, quedan fascinados por los equipos que allí se exhiben, entre ellos unos fabricados por un artesano cubano.
Debe saber que, en Cuba, a fines del siglo XIX, se ensamblaron equipos telefónicos de altísima factura técnica y estética.
Todos los que se muestran en la prestigiosa institución, fueron confeccionados con maderas cubanas —los componentes eran de procedencia norteamericana—, en el taller de Domingo López Campanoni (1864- 1947) sito en la calle Perseverancia número 13, en La Habana.

Entre las piezas expuestas están: un teléfono de pared, pizarras para cinco, ocho y diez abonados; sus fechas de fabricación comprenden desde 1882 hasta 1885. Descendientes del artesano donaron estos ejemplares que forman parte del patrimonio nacional y constituyen, no lo dudes, verdaderas obras de arte, muestra del talento de nuestros creadores.
Según nos precisó el Licenciado Ian Chaviano, director del Museo, desde niño López Campanoni sintió una fuerte inclinación hacia las ciencias aplicadas, la electricidad y la telegrafía, está ultima muy de moda entonces lo impulsó, más tarde, a adentrarse en el mundo de la telefonía.

Ya adulto, solía contar a sus hijos acerca de la fuerte impresión que recibió al presenciar una prueba de telefonía efectuada desde el Centro Telegráfico de La Habana, lugar que visitaba casi a diario cuando salía de la escuela y antes de llegar a su casa. Allí, aprendería telegrafía, a armar y desarmar los equipos, además de relacionarse por vez primera con un teléfono no para hablar, sino para conocer sus partes y funcionamiento.
Gracias a su padrino —quien le facilitó los componentes— fabricó sus primeros teléfonos, los cuales probaba entre las habitaciones de su casa a pesar del rechazo de su madre pues ella aspiraba a que estudiara medicina. A la postre, comenzaría como aprendiz en un taller de electricidad donde en sus ratos libres prosiguió trabajando para desarrollar prototipos de teléfonos.
Electricista, constructor de pararrayos, reparador de telégrafos y teléfonos a domicilio estuvieron entre sus quehaceres tan pronto montó su propio taller.
Gracias a su calidad y prestigio comenzó a fabricar teléfonos por encargo, la mayoría destinados a centrales azucareros y hoteles del interior del país, también instalaba pizarras telefónicas de hasta diez extensiones. La última década del siglo XIX resultó la más próspera y fructífera de su trabajo.
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