
La Habana, Cuba.- Por estos días épicos de abril, un grupo de ex compañeros de estudios del curso 1960-1961, tenemos la costumbre de reunirnos para volver sobre aquella batalla de Playa Girón, que ahora felizmente celebramos su aniversario 50.
Cada año, con una mezcla de orgullo y nostalgia, repasamos lo que hicimos, el granito de arena que pusimos. Y como siempre, las mismas historias y la misma envidia al escuchar a Jorge y a Gustavo narrar las acciones combativas en que participaron, porque ellos estaban organizados en los batallones de milicias 115 y 120, dos de las unidades que fueron enviadas la zona de operaciones.
Pero en esta ocasión escapamos de la rutina anual gracias a "la chispa" de Migdalia, una de las muchachas de entonces, hoy profesora universitaria y con 65 hojas del almanaque dejadas caer. Nos tenía una sorpresa. El patio de su casa es siempre el lugar de encuentro. Un sitio maravilloso donde predominan los helechos de diferentes tipos y las rosas amarillas. Minutos más, minutos menos, casi todos llegamos a la hora fijada. Y ya en uno de los sillones estaba acomodado un hombre alto y canoso, algo mayor que nosotros, pero no mucho.
Nos presentó. Se trataba de José Luis Cuza Téllez de Girón, llamado por amigos y familiares, Pepito Cuza. Y para sentirse "en ambiente" pidió que en lo adelante lo llamáramos así. Y Migdalia, complacida por la aceptación que su invitado tenía en el grupo, empezó a darnos más información sobre Pepito, que la miraba con el rostro encendido. "Es un auténtico hijo de la ciudad de Santiago de Cuba, activo combatiente de la lucha clandestina contra la dictadura de Fulgencio Batista y más tarde, del Segundo Frente Oriental "Frank País", cuyo jefe era el entonces Comandante Raúl Castro Ruz, hoy Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros". Y al final dijo que su invitado actualmente es contralmirante retirado de la Marina de Guerra Revolucionaria.
Nosotros nos miramos como diciendo "y a este hombre qué vamos a contarle". Entonces Migdalia nos confesó que había invitado a Pepito para que nos contara la maravillosa experiencia vivida por él, en Girón. Y ahí mismo el otrora guerrillero empezó a narrar su recuerdo que califica como imborrable.
"Yo era capitán del Ejército Rebelde y el 19 de abril, ya derrotada la invasión mercenaria, el Doctor Osvaldo Dorticós Torrado, en ese momento Presidente de Cuba, me dio la misión de llevar a la zona de operaciones en el sur de Matanzas, al periodista militar soviético Timur Gaidar, quien desde que salimos del Palacio Presidencial en La Habana, no paraba de repetir In the first line of the battle.
"Llegamos por la tarde a Girón, cuando las tropas nuestras se reorganizaban para rechazar el posible desembarco de las fuerzas norteamericanas, cuyos buques eran visibles desde la costa y también para limpiar de enemigos los alrededores", hace una pausa y continúa.
"Al amanecer del día siguiente, cuando me disponía a continuar con el periodista soviético que deseaba hacer un reportaje sobre la derrota de la agresión, llega Fidel con varios acompañantes. Se interesa por la situación de los tanques, da instrucciones y con la misma se sube a uno de los tres vehículos tipo Olsmobile en que viajaba su comitiva, no sin antes ordenar a unos bazuqueros que se subieran a otro de los carros y con la misma sale a toda velocidad por el camino pegado a la costa".
Ahora Pepito Cuza se pone de pie para con gestos explicar bien aquella vivencia. "Eso era muy peligroso porque los mercenarios se escondían en la maleza y a cada paso intercambiaban disparos con las fuerzas que los perseguían para capturarlos y podían agredir a Fidel, que era para alante y para alante sin medir el peligro. Por eso un grupo de combatientes de la Columna 1 José Martí que Fidel comandara en la Sierra Maestra, y formaban parte de los que impedían la reorganización de los derrotados, salieron detrás de él y yo, después de dejar a buen resguardo al periodista, cogí el carro en el que había llegado desde La Habana, y me lancé detrás del Comandante.
"En una de esas le doy alcance porque está indicándole a los bazuqueros el ángulo de inclinación con el que deben disparar en dirección a la Ciénaga de Zapata para dispersar a los mercenarios que se refugiaban en ese lugar.
"El grupo de viejos guerrilleros y otros combatientes avanzamos rápido para colocarnos delante de él, pues a cada momento tropezábamos con los invasores que en su huida hacían fuego, aunque al final se entregaban.
"De pronto, chocamos con un grupo que nos hace mayor resistencia y se arma tremendo tiroteo. Ellos, en la maleza y camuflados. Nosotros, en pleno camino. Yo respondo con mi FAL (fusil automático ligero) y voy calculando los disparos que realizo mientras me aparto del camino para hacer el recambio del cargador con el menor peligro y no ofrecerme como blanco fácil.
"Llego a la cuneta, zafo el cargador vacío y, tanteando en la cartuchera, busco el repuesto lleno. Esa operación la estoy haciendo con rapidez pero al menos lleva unos cuantos segundos, tiempo en el que no dejan de dispararme. En eso siento a un compañero que se planta delante de mí y con su fuego rápido me cubre".
Pepito se emociona. El grupo se impacienta. "Mi escudo humano dispara con una metralleta checa y lo hace con pericia de veterano. Coloco el cargador nuevo y listo. Entonces levanto la vista para agradecer al compañero que me ha protegido y caballeros....era el propio Comandante en Jefe... Fidel, quien no sólo combatía junto a sus subordinados, sino que los cubría con su propio cuerpo, con su propia vida".
Pepito quedó extenuado, como si hubiera salido del trance en ese preciso momento. Nosotros, mudos, pero sin extrañarnos del gesto de ese hombre toda luz. Es que Fidel, es Fidel.
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