• Friday, 25 de September de 2020
  • Estandarte martiano de la dignidad

    2010.12.13 - 13:16:23 / web@radiorebelde.icrt.cu / Miralys Sánchez Pupo


    La Habana, Cuba.- El pensamiento más radical de nuestro tiempo se levantó desde la inteligencia y las observaciones de José Martí. Ellas fueron comprobadas y defendidas desde sus argumentos a lo largo de sus años vividos en “las entrañas del monstruo”, exactamente en los Estados Unidos de Norteamérica que siempre miró con desprecio hacia el Sur.

    Las ideas revolucionarias esenciales que el Maestro colocó ante la posteridad, partieron de sus incasables debates y enfrentamientos tanto políticos como ideológicos cuando tuvo ante sí aquel segmento de país, donde las grietas entre la ética y la política no tenían nada bueno que enseñar al resto del mundo. Ese era su tradicional desprecio a todo lo que no fueran jugosas ganancias aún en detrimento de los pobres o los emigrantes establecidos en su país.

    La obra martiana entregada a la trascendencia presentó cual espejo un cuadro real de cómo en Estados Unidos estaban divorciados el desarrollo social y el crecimiento social de la vida tanto moral como espiritual. Aun cuando no ignoró las virtudes de la tradición democrática liberal de aquel país, en lo más profundo se levantaba un feroz individualismo que era evidente por doquier.

    El drama de aquella época en que los trabajadores debían laborar por míseros centavos mientras los grandes fabricantes y propietarios enriquecían sus armas creaba un abismo en medio de la población establecida en el inmenso país. Aquella nación procuraba colocar todos sus productos de cualquier forma en otros países por encima de cualquier norma legal. Lo divisa más importante en medio de su mirada era crecer sus arcas de forma colosal, mientras la tragedia humana temblaba por los suburbios.

    Los Estados Unidos estaban muy alejados de las antiguas civilizaciones que en otras latitudes disponían de tradiciones y un espíritu fundacional basado en una determinada y sólida cultura. Las instituciones norteamericanas no poseían nada de esos aditamentos tan imprescindibles para llevar adelante un proceso humano de construcción. Aquella civilización nueva  y desconocida recorría otros caminos nada justos desde le punto de vista ético.

    El Maestro criticó la dominante civilización norteamericana que siguió como camino de progreso un ansia creciente de riqueza que cerraba sus ojos ante el drama social sobre el  cual colocaban sus botas al ignorar la dignidad humana, que con agudeza hizo expresar a Martí en aquel país:

    “Las redenciones han venido siendo teóricas y formales; es necesario que sean efectivas y esenciales… El primer trabajo del hombre es reconquistarse. Urge devolver los hombres a sí mismos”. Pero el Tío Sam era sordo y ciego ante tal reclamo ético que mantiene ahora hacia el sur.


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