
A resistir cualquier peligro y enfrentar de pie las amenazas enseñó Fidel Castro a su pueblo, como guerrillero incansable, desde aquella madrugada del 13 de agosto de 1926 en Birán, en que la historia alumbró a un Gigante.

Amado por los amigos, respetado por los enemigos. Sus seguidores se emocionaban frente a su estatura universal, mientras los adversarios, empequeñecían mucho más cuando aparecía con su traje verde olivo, la luz que le acompañaba y esas manos inquietas y “huesudas”, como él mismo las calificó ante la pintura de Guayasamín.
Fidel siempre fue el fuerte árbol que permaneció arraigado a su tierra. Nadie le inculcó sus ideas políticas. Llegó a ellas como parte de sus meditaciones, estudios y reflexiones. Por eso, ningún tema le era ajeno. Conocía de todo, y se preocupó por la Humanidad completa.
Fue permanentemente un vencedor de dificultades y contratiempos, capaz de derrotar las adversidades y salir en busca de nuevos sueños, combatiente de la dignidad y la hidalguía.
Largos y apasionados discursos ante multitudes lo siguieron con atención, porque en temas nacionales e internacionales, cada idea suya era real. Es verdad, “porque lo dijo Fidel”, así lo confirmaban los cubanos y millones de personas en el mundo.
Escultor de ideas, Fidel Castro encarna el heroísmo de la nación. Marchó al compás del tiempo, como un aliado. A veces, teníamos la apreciación de que se sabía el final de los acontecimientos.
Siempre fue sinónimo de ética. Un hombre sincero, seguro de su fe y sus creencias. Maestro de generosidad. Símbolo de solidaridad e internacionalismo. Modesto en su vida personal; sencillo, sin ambiciones.
Al líder de la Revolución cubana nunca le importaron los títulos, ni las condecoraciones. Para Fidel, “toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”.
Fidel, aún te vemos con los brazos entrecruzados a la espalda, hablando bajo, dando pasos cortos, casi susurrando, cuando deseabas que el interlocutor meditara bien cada palabra, que no escapara un detalle.

Descubridor de indiscutibles líderes mundiales, y padre de muchos hijos, como lo fue del Comandante Hugo Chávez, el mejor amigo de Cuba.
En cada obra de la Revolución siempre puso su confianza en la juventud. Enseñó a su pueblo el valor de la unidad y dirigió movilizaciones populares a favor de las causas más justas.
Su vida sin descanso la entregó a la Patria. Eterno joven rebelde se convirtió en guía para los nuevos combates en todos los terrenos: la economía, la política, la defensa, la cultura.

Fidel inculcó a su pueblo el espíritu de resistencia y optimismo, aún en las más difíciles circunstancias.
En una ocasión preguntaron a Fidel, ¿cuál considera usted que es su mayor mérito? Sonriendo, respondió: “estar vivo”. Ciertamente, se contaron más de 600 los intentos de asesinato contra el líder de la Revolución cubana. Pero Fidel es Fidel, y para siempre estará guiando a su pueblo.
Su ejemplo y pensamiento perdurarán. Desde hace mucho tiempo, Fidel Castro ya está absuelto por la Historia.
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