“Fidel es Raúl” coreó el pueblo en la Plaza Mayor General Antonio Maceo tras concluir sus emotivas palabras el presidente de Cuba.
Cerrando la sobrecogedora jornada, mientras Santiago exclamaba Raúl, Raúl, Raúl… el General de Ejército ocupó el podio, y habló con el dolor de la pérdida del Líder, el Jefe, el Hermano; pero con la entereza del hombre valiente que seguirá guiando a todo un pueblo.

¡Fidel, Fidel! ¡Hasta la Victoria Siempre!, expresó Raúl con la voz entrecortada, enronquecida, quebrada.
Antes, el presidente cubano había comunicado la última voluntad del Gigante: que una vez fallecido, no se le erijan monumentos, bustos, ni estatuas; que no se nombren plazas, calles, instituciones o edificios públicos en su memoria.
¡Cuánta grandeza! ¡Qué humildad, Comandante! Y vuelve a estremecerme el rostro de Raúl, con su dolor multiplicado. Es la primera vez que el más “chiquito” va a separarse del hermano mayor de mil batallas.
Raúl nació en Birán; estudió en las mismas escuelas; lo siguió hasta La Habana; no dudó en acompañarlo al Moncada; viajó a México y desembarcó en el Granma; luchó en la Sierra; y ha vivido hasta hoy las victorias y desafíos de la Revolución que forjaron.
No olvidaremos la imagen de Raúl anunciando en la noche del 25 de noviembre la lamentable noticia que sacudió de tristeza a toda una nación.
Guardaremos para siempre en nuestra memoria el discurso de Raúl en la Plaza santiaguera, y luego las conmovedoras imágenes en Santa Ifigenia, abrazando con sus manos la urna de cedro que guarda las cenizas de Fidel.

Celebran encuentro de Fidel y Raúl en Cinco Palmas
Raúl es el hermano leal. Y con él seguiremos librando nuevos combates y venciendo duras batallas.
Cuba sigue repartiendo su dolor, y será muy difícil acostumbrarnos a vivir sin Fidel. Lo seguiremos buscando en la portada del periódico que fundó, y se nos antojará que escribió nuevas reflexiones acerca de los difíciles tiempos que esperan a la región y al mundo.
Nos sorprenderemos en la búsqueda de sus imágenes recibiendo a un presidente, a un intelectual, o simplemente a un amigo. Y entonces el comentario de su pueblo: ¡Viste qué bien se ve Fidel!

Tú no te vas. Para ti está prohibido el descanso, eres un vencedor ante las adversidades, eres un profeta del porvenir.
No te dejaremos ir. Los agradecidos estaremos junto a ti, porque eres la tierra fértil donde germina la conciencia de los cubanos.
Te veremos dirigiendo a tu Cuba soberana, porque Raúl también es Fidel.

Raúl ha vivido hasta hoy las victorias y desafíos de la Revolución que forjaron ambos
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