La Habana, Cuba. - Fue producto de una Generación en que problemas como la discriminación racial, proscripción de negros y mulatos a las labores más ignominiosas, desconocimiento de los derechos de la mujer, escasez de viviendas, difícil acceso a los centros de salud y de educación, altos índices de analfabetismo…pululaban en aquellos primeros años de República neocolonial; problemas que se recrudecerían aún más con el decursar del tiempo.
Narraciones de testigos oculares y periodísticos de la época le recuerdan al frente de manifestaciones estudiantiles protagonizadas por
Hechos como la intervención de Estados Unidos en
Contra esa caricatura de República, nacida bajo el sello de la frustración neocolonial e implementada jurídica y constitucionalmente por una Enmienda yanqui, lleva a cabo su lucha política, social y cultural.
Para algunos políticos de la época existían distintas vías de lucha “frente a la injerencia extranjera, la virtud doméstica” (al decir de Márquez Sterling), al igual que mediante acciones encaminadas al logro de la honestidad gubernamental y administrativa y, sobre todo, al empeño de que mediante la cultura, arraigara y creciera la conciencia de cubanía frente a las acciones desnacionalizadotas (Eduardo Chibás).
Para él existían aquellas y una fundamental: la lucha armada por la liberación nacional. Por ello partió al Moncada a escribir para
Tras casi ocho años de lucha guerrillera y emancipadora en zonas montañosas irredentas de nuestro verde Caimán, arriba al frente de un gran ejército, el del pueblo cubano, y con el cumplimiento del primer capítulo del Programa expuesto --valientemente, años atrás--, en su defensa en
Tras aquel Enero victorioso nuevas y diversas batallas devendrían capítulos de su hacer revolucionario. Mas no sólo nacional, sino también internacional. Siempre, siempre al frente, en todo momento y como buen cubano: en las buenas y en las malas. Le veríamos en proyectos únicos en el mundo como
Su fuerza resulta inquebrantable. De seguro, desconocida en nuestra naturaleza, pues ni los metales más duros físicamente conocidos podrían quebrantarla. Es un hombre que se ha nutrido y que continuará haciéndolo a partir de la irrevocabilidad de sus ideas y de su espíritu; cualidades que ha logrado trasladar a las cárceles del Imperio de Cinco Héroes cubanos, y a la intransigencia de más de once millones de compatriotas. Y que ya hoy lo está multiplicando en una obra bibliográfica imprescindible por su lente vivencial y preconizador para el futuro.
Hoy, nos alerta ante el peligro de otra nueva conflagración de incalculables consecuencias. El caballo, el arco, la pólvora, los vapores, las ametralladoras, los tanques, los aviones, los submarinos…el arma atómica nuclear han cambiado progresivamente la forma en que combatían los ejércitos, pero no los riesgos, ni las razones.
Él una vez más, nos alerta a todos, a los gobernantes de los cuatro puntos cardinales a discernir con fruición, con cordura ante las expectativas. Nuestra mayor amenaza estaría en la falta humana más primitiva y examinada en tan sólo accionar un simple botón.
No obstante, y a pocos días de su onomástico, él continúa alertando y persuadiendo a todos y, en especial, a los personajes de un Imperio a no repetir la acción genocida de Hiroshima y Nagasaki hace más de seis décadas.
Él es y será un hombre siempre necesario –como reitero, en las buenas y las malas--, pues es ya el resultado de una necesidad histórica, irrebatible e invencible. Es Fidel, eternamente Fidel.
Es reiterado admitir que
Al respecto, nuestro inolvidable Canciller de la Dignidad Raúl Roa García, señaló con sagacidad crítica:
“La oligarquía y sus apéndices asumirían una ideología reaccionaria y un estilo de vida que se traduce en mimética modalidad del American way of life: abolengos comprados, dispendios insolentes, clubes exclusivos, colegios privados, saraos rumbosos, ignorancia acicalada, casinos de juego, prostitución de alto copete, misa a las doce…su arremetida contra la tradición revolucionaria, la cultura nacional, la identificación de la nación consigo misma, la conciencia de su propia situación y los valores éticos acumulados por el pueblo, se proponía disolver el sentimiento patriótico, sacralizar la dependencia a Estados Unidos e instituir un pensamiento político apologético de la estructura dominante de poder”.
De aquellos --una carga patriótica y cultural contra la ignominia--, que encabezarían el período denominado como década crítica y que engendrarían hechos como
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