
Ella fue la mejor respuesta al cantor francés apasionado con la historia de Giselle: “Yo quiero una verdad, yo quiero una razón, no puedo comprender por qué no te puedo encontrar”. Pues en un eterno pas de deux con la vida, hemos de hallarla; y de creerle al poeta, como la ágil jardinera de los días.
Y es que el signo sagitario determina ir rápido a lo suyo. La bruma del otoño jamás podrá arrebatarnos la útil permanencia de Alicia Alonso. No solo ensayistas y estudiosos de la danza, también numerólogos y gente apegada al horóscopo y a señales esotéricas, significan coincidencias de otras luminarias con el tiempo de la prima ballerina assoluta.
Se sembró en la costumbre y constituye un hecho consumado que el 21 de diciembre es una fecha de lumbre para el universo de la danza. El hecho físico de la muerte no logrará apagar la luz del hacer. Decir que Giselle es Alicia pasa a ser un lugar común que el ballet asumió desde hace muchísimo tiempo.

Alicia resulta un concepto, una categoría, una ley, para la composición coreográfica, en el diseño escénico, en la fuerza definitiva de la música. En ella se reúnen numerosos capítulos de la historia de la escuela cubana de ballet. Y rompió prejuicios eurocéntricos. En los confines del Caribe radicamos por ella y por quienes la siguieron un clasicismo diferente pero auténtico.
En ella concurren, a la manera del ajiaco de Fernando Ortiz, los componentes esenciales de lo cubano en la universalidad de la danza clásica. Su escuela sigue habitada por la sensualidad, por un código musical encendido de estas tierras de lo real maravilloso. Cultivar creadoramente esos condimentos significa descubrimiento perpetuo del alma de un pueblo entero.

Son claros, perceptibles, puntuales, los signos de la estepa, cada símbolo de historias populares de Europa que cristalizaron en el ballet. También las soluciones que en una lengua romance nombran el carácter de una pieza y hasta la dirección artística de una compañía. Pero la escuela cubana de ballet integra una energía, un ritmo interior del cuerpo, que los creadores como Alicia Alonso saben trabajar conscientemente, sin dejar las cosas al libre albedrío.
La danza reúne literalmente y en intervinculación al resto de las disciplinas: música, literatura, teatro, artes plásticas, la arquitectura. (Obrar el espacio precisa un talento especial). Los titulares de prensa cuentan la partida de la última de las grandes divas. Aquella canción de Adolphe Adam parece escrita especialmente para ella desde el nacimiento de Giselle hace más de 150 años: “Eres como un sueño del que no puedo ya despertar. En cada amanecer, en cada noche sé que estás”.
Web premiada con el Premio Internacional OX 2016