
Holguín, Cuba.- Resultaba inusual en una ciudad que, no obstante ser grande, con cerca de 400 mil habitantes, generalmente se despereza, luego del habitual descanso nocturno, al salir el sol, que en esta época del año es como decir después de las seis de la mañana. Pero a las cinco de la madrugada de este sábado 1ro.de Mayo ya se encontraban en las calles de la ciudad de Holguín miles de sus residentes. A las 6:00 a.m., resultaba literalmente imposible encontrar un pequeño sitio sin ocupar en las amplias avenidas aledañas a la conocida Plaza de la revolución Mayor General Calixto García, enclavada en la bien llamada “zona moderna”.
En Holguín estaba comenzando así otra jornada histórica. La protagonizarían sus mejores hijos, que son mayoría,
Padres obreros, hijos estudiantes, y también abuelos erguidos, que esta vez olvidaros sus achaques cotidianos. Mujeres, que son científicas, que son maestras, que son doctoras, que son madres. Como haz indisoluble para reafirmar ideas y fortalezas también están los campesinos, y los combatientes. Como un enorme coro que no necesitó ensayo previo, se levantan las voces con más fuerza que el más potente de los sistemas de amplificación. Retumban los cimientos de la histórica plaza holguinera.
De colores, banderas, alegría y fidelidad a la obra de todos se colma el ambiente y la emoción es clímax.
Miles de banderas cubanas, y banderas rojas delante. Enseguida los veteranos del Ejército Rebelde y del internacionalismo. En sus pechos refulgen medallas. En sus voces subrayan que siguen listos con su inmaculado apego a la Patria. Después un bloque compacto, dicen que son 10 mil, pero a la vista se comprueban más. Son las siempre imprescindibles mujeres revolucionarias cubanas. Pañuelos y franelas rojas las identifican. En ellas la patria tiene su tesoro mayor, por ser la fragua fecunda de la continuidad. Y para asegurarle más a esa fragua el vigor, y la felicidad, ahí viene detrás el bloque enorme de los trabajadores de la salud.
Después, educadores, comerciantes, tabacaleros, mineros, trabajadores del turismo y la construcción, transportistas, comunicadores, artistas. Y van jóvenes, y van niños, y van ancianos, y van deportistas, y van líderes obreros, y van conocidas personalidades…
Lamento que estas imágenes no las van ni a tocar los “especialistas” de los, por lo menos llamados, grandes medios en el mundo. Millones de hombres y mujeres sabrían así, claramente, donde está la verdad. Van desfilando por la plaza holguinera, con sus pancartas y carteles de denuncia contra las patrañas mentirosas que ahora ponen de moda desde Europa o Norteamérica. Van desfilando con su apoyo a los líderes históricos y refrendando el irrenunciable compromiso de defender por siempre la obra de todos.
9:30 de la mañana. 28 grados de temperatura ambiente. El sol está sobre la Plaza Calixto García en el justo momento que un color entrañable, conocido y familiar, porque es de todos, inunda cada rincón de esta explanada histórica. Ahí llegan, con el verde olivo de nuestra Revolución, los combatientes, son del Ejército Oriental y de sus unidades de combate, son del Ministerio del Interior, son policías, especialistas, dominan estrategias y tácticas, son hijos de campesinos y de obreros. No vinieron a la plaza a aplacar manifestaciones de reclamos ante patrones, no vinieron a detener huelgas ni denuncias de maltratos.
Vinieron a la plaza, como todos los demás holguineros y holguineras, a festejar a apoyar…ah, y también a enviar un mensaje, para los de afuera, envalentonados y engreídos, creyéndose ellos mismos sus mentiras, y para algún que otro de adentro, que desde debajo de alguna cama rumian, y hoy tratan de taparse ojos y oídos no se “equivoquen”.
9:45 de la mañana. El sistema de altavoces amplifica la hermosa internacional de los trabajadores. El aire fresco de una mañana que avanza rauda hace flamear las enormes banderas que flanquean los lados del friso histórico de la Plaza Calixto García, termina otra jornada inscripta desde ahora mismo en la historia. Ahora vamos para una fiesta que todos nos merecemos, seguro que si. En mil y un lugares hoy se armará el jolgorio sano y libre de nuestra gente, espontánea y feliz.
Vale el brindis, vale alzar el brazo fuerte, hecho para la azada del trabajo creador, y aunque no quisiéramos pues no queremos la guerra, también para el fusil si fuera necesario. Vale alzar las voces unidas para resumir, en solo unas frases, nuestra ofrenda de hoy a la patria:
La unidad nos hará siempre invencibles. La grandeza del acto de hoy es un ejemplo más. (Foto del autor)
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