
Holguín, Cuba.- Para un reciente artículo publicado por Radio Rebelde en su sitio digital, y relacionado con el inicio de la campaña anual azucarera en Holguín, hice algunas fotos donde apareció una vistosa máquina cosechadora, a todas luces moderna y fuerte, en plena acción, durante el primer día de zafra en campos cañeros pertenecientes a uno de los ingenios de esta provincia, el Cristino naranjo, precisamente el iniciador provincial de la zafra.
Casi enseguida, en los habituales rebotes interactivos, consecuentes de este tipo de publicación, aparecieron también varios comentarios acerca de la mencionada máquina cosechadora.
Efectivamente, no se trata de una variante modernizada, ni de transformada imagen, de nuestras legendarias KTP, cuya única fábrica en Cuba se inauguró hace más de treinta años en Holguín.
Se trata de una costosa máquina, avalada por una conocida firma internacional, cuyo precio se acerca al medio millón de dólares cada una de las adquiridas, pocas hasta ahora, pues, sencillamente, el bolsillo estatal no da para más.
Hacer combinadas de tal rango en la fábrica holguinera presupone haber transformado antes, y completamente, la vieja tecnología existente aquí, procedente en su totalidad de la antigua Unión Soviética.
Como esa posibilidad no es posible, al menos por ahora, la irremediable opción es ir adquiriendo en el extranjero, en la medida de lo posible económicamente, máquinas de ese porte. Dicho sea de paso, siempre resultarán más caras por la imposibilidad de adquirirlas de proveedores norteamericanos, debido al soberbio y criminal bloqueo.
Claro que, ni remotamente, pensar siquiera en lanzar al basurero las añejas KTP, con todos sus modelos conocidos, que están diseminadas en toda Cuba, y para cuya sobrevivencia, si se siguen elaborando piezas y agregados en la planta holguinera y en otros talleres de varias provincias.
Sencillamente, siguen dando batalla. Y darán.
Ah, pero comprar más de esas modernas máquinas cosechadoras de caña, mostradas en las fotos recientes de mi anterior artículo, será a la larga necesario, pero solamente posible, si todos los que tienen que ver con el asunto, ahí mismo en los cañaverales, los que operan y cosechan con las modernas, o con las añejitas KTP, le ponen el máximo a su labor, y conviertan en real, lo que a veces se queda en consigna cuando se proponen parámetros de eficiencia a alcanzar.
Lo que vi durante varias horas de recorrido por los campos cañeros holguineros, el primer día de la campaña recién iniciada, lo que pude conversar con operadores, técnicos y directivos cañeros, el cuidado y el rigor integral comprobado en los centros de limpieza, nos dan pie certero para aseverar que andan por buen camino.
La posibilidad de seguir renovando el parque de cosechadoras cañeras en Cuba, está bien cerca para todo el que aspire justamente. Está ahí mismo, en los propios campos cañeros.
Los cerca de quinientos mil dólares que se necesitan, contantes, y sonantes, cada vez que se vaya a comprar una nueva combinada, no van a caer del cielo. Lo que deben caer son las cañas continuamente derribadas con las combinadas que se posean, trasladarlas de inmediato a los centros de limpieza, y llevarlas enseguida a los basculadores de los ingenios.
Les tocará entonces el turno a los industriales, hasta la entrega final de azúcar, con la requerida calidad. Los compradores internacionales son exigentes.
Parecen, a la vista, pasos difíciles. Lo son, pero los hombres de la caña y el azúcar en esta provincia, y en Cuba, son de ley.
Más difícil sería que los fabricantes de las modernas, vistosas, y fuertes cosechadoras cañeras que mostré en mi reciente artículo se las regalaran a Cuba.
Definitivamente, la receta es única:
Hacer una buena zafra. Ahí se decide todo.
(Foto del autor)
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