Heriberto Rodas, un mdico diferente para los africanos

2019-10-07 15:24:22 / web@radiorebelde.icrt.cu / Claudia Daz Prez

La calidad humanista de los mdicos cubanos es reconocida alrededor del mundo.

“He cuban doctor”: Esta es la frase, acompañada de una sonrisa, que alumbra el día del nefrólogo Heriberto Rodas Acosta, mientras camina por el condado Voi, de la provincia costera Taita Tabeta, en Kenya.

Él compara Voi con el reparto de Habana del Este, Alamar. “Cuando camino por allí, me saludan muchas personas, la mayoría no las conozco o recuerdo, pero los kenyanos con simpatía me interceptan”.

Heriberto, hombre sencillo, no teme esconder sus lágrimas cuando habla de sus tres retoños, de 15, 19 y 25 años de edad; de ámbito familiar, así se define este médico cubano que cumple su primera misión internacionalista en África. Al preguntarle qué pensó cuando le comunicaron el destino alega que conocer la cultura del continente africano era una aventura. “Para un médico es muy enriquecedor conocer a las personas, sus situaciones de vida, los problemas de salud”.

A Heriberto lo conocí mientras pasaba sus vacaciones en Cuba, dos días antes de emprender el viaje de regreso a Kenya y fue entonces cuando en una travesía hacia el recuerdo me habló de su niñez en Pinar del Río, de su residencia en Nefrología en el hospital “Joaquín Albarrán”, del cariño a quienes han sido sus pacientes durante años en el servicio de Hemodiálisis del “Calixto García”, a ellos los visitó durante estos días de sosiego para confesarles lo afortunados que son.

“Allá en Kenya los pacientes que necesitan hemodiálisis lo tienen que pagar todo: un catéter 150 dólares, si es permanente, y 100 si es transitorio. Ellos se tienen que pagar su transporte, se dan solo 2 sesiones de diálisis semanalmente, que es lo mínimo aceptable que le facilita el seguro, mientras que ustedes, en Cuba se realizan 3, el trasplante es gratuito y ellos tiene que pagarlo y es bien caro, de hecho, la mayoría no puede hacerlo”.

No puede disimular Heriberto, por el brillo y humedad de su mirada, que es un profesional diferente, más sensible, más humano, luego de esta experiencia.

Heriberto Rodas ha logrado establecer un estrecho vnculo con sus pacientes y no queda indiferente ante sus realidades sociales.

Los continuos repliques de campanas en Voi comienzan a las 5 de la madrugada, sonido al que debió acostumbrarse el galeno. -Así comienza la jornada- los musulmanes deben visitar la iglesia 5 veces en el día, me cuenta el nefrólogo.

Mientras que el ir y venir de los feligreses adornan el escenario, un médico cubano extiende su jornada de trabajo.

“De allí no me voy hasta que el último paciente termina la sesión de diálisis, aunque oficialmente mi jornada laboral termine a las 5 de la tarde”.

Heriberto esperó a que sus hijos crecieran, a consolidarse en su especialidad para cumplir misión. “Nunca antes me alisté, pero no fue un impedimento en mi carrera.

Un día me llamaron a la dirección del Hospital que hacía falta completar la cantidad de nefrólogos para Kenya, dije que sí, me explicaron las condiciones que asumiríamos y te puedo decir que a nadie se presionó”.

Hoy en Kenya, comenta Heriberto, laboran muy pocos nefrólogos para una población de más de 49 millones de habitantes, a este dato se une la sapiencia, la modestia, la sensibilidad para comprender por qué Heriberto es casi un dios en Taita Tabeta.

¿Por qué el cubano es un médico diferente? Parecería una frase gastada, manida, reiterada, pero cuando se escucha el testimonio del nefrólogo se comprende la gran certeza que encierra.

Un día llegó al hospital de Voi una muchacha joven con una niña en brazos, de apenas 3 años de edad, con un defecto genético, una insuficiencia renal de base. Se llamó al nefrólogo cubano para que la evaluara. Estaba hinchadita, me comenta Heriberto, -como decimos en Cuba, parecía un sapito-. Heriberto encomendó que la niña necesitaba dializarse urgentemente, que peligraba su vida y para ello debía remitirse a una ciudad que quedaba a unos 150 km, donde se brinda el servicio de hemodiálisis pediátrico.

“Al escucharnos la madre comenzó a llorar, nos dijo en su dialecto que no podía irse, no tenía dinero”.

Las misiones mdicas cubanas han beneficiado sobre todo a los sectores ms humildes de la poblacin.

Heriberto volvió a insistir que, si no se iba, la niña moría. La madre lloraba con más intensidad. Fue entonces cuando la mano del médico cubano buscó en su bolsillo, solo 4000 chelines, equivalente a 40 dólares. La remisión y el ingreso costaba 20 y fue pagado por el galeno humilde de la Isla, que no se adapta a la medicina mercantilista cuando una vida inocente depende del dinero.

Porque el cubano es un médico diferente; pues cura el alma a la par del dolor físico, no teme tocar el cuerpo del enfermo con sus manos, no duda en sacar de su bolsillo, para nada abultado, la solución para salvar una vida.

 


 



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