
Transcurrieron 57 años desde que en 1961 Isabel Croffet Dumás decidió ser una alfabetizadora “Conrado Benítez” para llevar la luz del saber a un grupo de campesinos en la zona Limones de Estacadero, Niquero, perteneciente a la provincia Granma.
Sorprende ver que aún conserva en perfecto estado, no obstante, el paso de los años, el uniforme de brigadista, el farol, el carnet, la cartilla y la bandera del destacamento. También muestra con orgullo la medalla de la alfabetización.
Allá celebró sus 15 años de edad con un guateque donde todos cantaron, bailaron y comieron chilindrón de chivo, así como un cake que de manera sorpresiva le llevó su mamá María Luisa Dumás desde La Habana.
Mantiene vivos los recuerdos de aquellos años cuando dice: “Al principio mis padres no me dejaban ir, pero mi hermana los convenció de que me dieran el permiso para incorporarme a las brigadas de alfabetizadores”.
Cuenta que tuvo 15 alumnos divididos en dos casas ubicadas a larga distancia una de la otra: “por las tardes les daba clases a los que no trabajaban en el campo, mientras que por la noche enseñaba a aquellos que realizaban tareas agrícolas”.
Para Isabel lo más difícil fue adaptarse a la vida del campo; “yo vivía en La Habana en una casa confortable, mientras que en el campo la vivienda era rústica, dormía en hamaca, me bañaba y lavaba en el río y además, trabajaba en el campo con los campesinos”.
“Allí aprendí a sembrar frijoles, recoger café, algodón, ordeñar vacas, así como otros trabajos; no olvido, además, algunas labores de la casa como barrer el piso de tierra porque lo cierto es que me incorporé por completo a la nueva vida”.
Casi al finalizar la misión se enfermó de hepatitis y la ingresaron en el hospital de Niquero; al salir se opuso a que la enviaran para la Habana, y alfabetizó a otras personas en el pueblo.
Rememora también el retorno a La Habana, la alegría del reencuentro con la familia y el acto de la Plaza de la Revolución en el que los brigadistas le preguntaron a Fidel, principal impulsor de la Campaña, qué otras cosas tendrían que hacer, a lo que el máximo líder de la Revolución les dice que estudiar.
Con alegría señala que ella estuvo entre los 50 becarios que tuvo la Revolución: “Justamente a la semana de regresar de la alfabetización comenzó el plan de becas al cual yo me incorporé en la secundaria básica Manuel Bisbé, municipio de Playa; después continué en el instituto preuniversitario “Carl Marx”, y más tarde seguí becada en la CUJAE en la carrera de arquitectura hasta cuarto año, pero la dejé por problemas de salud”.
A la distancia de casi seis décadas confiesa que la Campaña de Alfabetización es algo que no olvidará jamás, “la llevo dentro, porque me enseñó mucho de la vida; me siento muy orgullosa cuando se habla de la alfabetización a la que llevo en lo más profundo de mi corazón”.
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